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Arturo Moscoso Moreno | ¿Es posible un gran acuerdo nacional?

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Un acuerdo no puede confundirse con pactos de impunidad ni con rehabilitaciones políticas por la puerta de atrás

¿Es posible un gran acuerdo nacional en un país tan polarizado como el nuestro? La pregunta no es nueva, pero la coyuntura la vuelve inevitable. En una entrevista reciente en la que compartimos espacio con José De La Gasca -exministro, muy cercano al Gobierno- coincidíamos en que Ecuador necesita, más que nunca, una salida que supere la lógica del péndulo y del enemigo interno. Pero también en que un acuerdo no puede confundirse con pactos de impunidad ni con rehabilitaciones políticas por la puerta de atrás.

La ventana de oportunidad existe. El correísmo atraviesa un momento de debilitamiento, no solo por la pérdida de competitividad electoral, sino porque empiezan a emerger liderazgos internos que buscan distanciarse del guion tradicional. Son movimientos incipientes, pero significativos. Muestran que incluso dentro de su propio bloque empieza a haber conciencia de que la estrategia polarizante ya no rinde los resultados de antes. Ese reacomodo abre espacios para conversar con actores que, hasta hace poco, operaban bajo disciplina férrea.

Ahora, un acuerdo nacional no puede -bajo ningún concepto- significar perdón, olvido ni retorno político para líderes caducos, condenados y/o prófugos de la justicia. Los acuerdos no pueden construirse sobre la impunidad y deben mirar hacia adelante, no reescribir el pasado.

Y la otra condición indispensable es el liderazgo presidencial. Y ahí es donde el panorama se complica. Un presidente que comunica poco, que no articula una narrativa clara de país y que, frente a un revés tan contundente en las urnas opta por una larga gira en lugar de encabezar una reflexión pública, debilita su capacidad de convocar. Un acuerdo exige humildad, reconocimiento de los errores y lectura clara del mensaje ciudadano. La consulta le dijo al Gobierno que su rumbo no está siendo compartido. Ignorar eso no solo sería un error político, sino que sería un obstáculo para cualquier intento de consenso.

Los incentivos están ahí, pero las oportunidades no duran para siempre. Y por eso la pregunta vuelve, intacta: ¿es posible un gran acuerdo nacional?