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Andrés Isch | ¿Por qué pierde la izquierda?

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Aquí está la segunda explicación de su fracaso: son sistemas que no pueden mantenerse sin el uso de la fuerza

Titulo así esta columna porque la derecha no termina de ganar; aún no ha conseguido que los ciudadanos asocien emocionalmente los beneficios de la libertad económica con valores familiares y personales, especialmente aquellos a los inconscientemente invocamos al pensar en el futuro de nuestros hijos. Esa es una deuda pendiente que, con pocas excepciones, se ha traducido en que la derecha llega a ordenar el caos, pero una vez que las cosas medianamente se estabilizan, el momento es aprovechado por la izquierda para ilusionar y dar un nuevo volantazo.

En un período relativamente corto hemos visto cambios de tendencia profundos en América Latina, Estados Unidos y Europa. El fondo es que la izquierda ha perdido espacio en distintas latitudes por una razón fundamental: sus políticas económicas son un desastre. Los frenos a la producción, el sobreendeudamiento y la desvalorización de las monedas, la limitación al ingenio y el castigo al éxito es su receta. La proliferación de la pobreza podrán ‘rebrandearla’ una y otra vez, pero no hay manera de sostener enormes aparatos estatales sin quitarle cada vez más dinero a los ciudadanos para entregárselo al Estado.

La libertad es innata y esencial para el ser humano; las ideas que la coartan, más temprano que tarde, serán rechazadas. Aquí está la segunda explicación de su fracaso: son sistemas que no pueden mantenerse sin el uso de la fuerza. Desde extremos como Cuba, Nicaragua o Venezuela, hasta el control y penalización de gobiernos europeos a la diversidad de opiniones, hay una constante en la necesidad de apagar cualquier foco de autonomía de la razón, pues una opinión libre expondrá rápidamente las contradicciones y abusos de los regímenes socialistas. La izquierda dogmática necesita, como el oxígeno, del fraccionamiento social, de dividirnos entre seres impolutos o fachas. Control, control y más control.

El esfuerzo de la democracia, por lo tanto, debería estar enfocado en que ideas y dogmas fracasados sean contrastados y expuestos por lo que son, para no tener después que luchar contra ellos cuando ya han destruido la sociedad.