Columnas

Pubertad y decisiones

La pubertad hoy no brinda las mejores oportunidades para que se asuman resoluciones definitivas que puedan marcar una vida.

Si hay algo que nos va quedando claro en este siglo XXI, al menos entre nosotros, es que los jóvenes maduran cada vez más tarde. Parecería que la adolescencia se extiende hasta pasados los 20, y que las otras etapas evolutivas también se retardan. ¿Acaso la sobreprotección, acaso el exceso de implementos lúdicos van haciendo que el niño despreocupado y festivo subsista más allá de lo previsto?

Poco a poco los hijos retardan la salida del hogar, el asumir responsabilidades mayores y la voluntad de enfrentarse ante la vida, generando dependencias que otrora un joven de esa misma edad ya rompía, abriéndose paso por la vida de manera más independiente, suelta y decidida.

Los niños de hoy, más informados que los de antes, no tienen sin embargo sus arrestos y desenfados. Los intereses son otros y si bien saben aprovechar para su ventaja más y mejor la relación familiar, no se caracterizan precisamente por rasgos de madurez que generaciones anteriores, aunque precariamente, sí alcanzaban.

Sin duda, la pubertad sigue siendo una etapa de gran desequilibrio. El choque de la niñez y adolescencia sigue siendo fuerte con todas las tentaciones que los tiempos de hoy tienen y con todas las ansias que la información tomada de aquí y allí trasmite. Etapa difícil, compleja, de búsquedas y rechazos, de desencuentros altisonantes y portazos que van reclamando identidad y el propio espacio.

Por todo lo expresado, la pubertad pues, no resulta ser la mejor etapa para la toma de decisiones definitivas y trascendentes. El púber no está en el mejor momento de su vida para acceder con claridad, certeza y objetividad, a la toma de decisiones. Por eso nos parece un error que en el nuevo Código de la Salud se establezca a la pubertad como una época en la que el preadolescente pueda decidir sobre su sexualidad. Sería bueno y prudente enmendar esa opción, ya que cabe la posibilidad de que se llegue a decisiones equivocadas que más tarde podrían castigar por toda una vida a un ser humano.

La pubertad hoy no brinda las mejores oportunidades para que se asuman resoluciones definitivas que puedan marcar una vida.