Columnas

Pobreza educativa

Ojalá que el regalo infantil se vuelque hacia material escrito de cuentos, leyendas y fábulas para así aportar desde todos los ángulos a la mejora que urgentemente requerimos.

En estos tiempos que vivimos, tan caracterizados por el racionalismo y el análisis, por estudios y contrastes, se ha vuelto muy común buscar índices y estándares que favorezcan el llevar a cifras estadísticas cualquier tipo de estudio.

Así, en sus departamentos de educación, el Banco Mundial ha generado el índice de pobreza educativa, el cual para ser obtenido se basa en la capacidad de comprensión lectora de un niño a los 10 años enfrentado a un párrafo propio de sus estudios y a su nivel.

América Latina, ya antes de la pandemia, no estaba bien situada, pues sus niños escolarizados alcanzaban lamentablemente niveles muy bajos de comprensión, de tal suerte que el 51% de ellos no era capaz de rebasar esta prueba que luce tan simple y sencilla. El camino era cuesta arriba y todas las recomendaciones venían dadas para que se superase esa brecha de fracaso escolar tan grande.

Mas, si antes de la pandemia la situación ya era compleja y difícil, durante al año 2020, el Banco Mundial considera y determina que el 62 % de los niños no son capaces de pasar hoy con satisfacción la prueba. La caída como se ve, es dramática, dura y hasta cruel; 62 de cada 100 niños de 10 años no son capaces de entender lo que leen, generando así un lastre muy fuerte de sobrellevar al tratar de recomponer las actuales circunstancias.

Es necesario pues emprender con fuerza y todos nuestros mejores empeños en la tarea de trabajar con el niño de edades inferiores para que sea capaz de desarrollar el potencial intelectual que posee; padres y educadores están llamados a primera línea para abrir esas mentes y pulir esas capacidades intelectivas, pues de lo contrario el futuro que le espera al continente será altamente penoso.

Enseñar a leer prontamente, conversar sobre lo leído, interpretar la lectura, reinventarla, haciendo cambios en alguno de sus momentos, son actividades y juegos que bien pueden desarrollarse.

Ojalá que el regalo infantil se vuelque hacia material escrito de cuentos, leyendas y fábulas para así aportar desde todos los ángulos a la mejora que urgentemente requerimos.