¡Buenos días, ‘lilectol’!

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¡Buenos días, ‘lilectol’!

...hablarles con sobriedad, pronunciando adecuadamente cada letra, son maneras de apoyar y ayudar’.

Sí, hace ya algunas semanas, cuando noviembre aún nos regalaba mañanas frescas, en una de mis caminatas por el jardín de infantes me encontré con un pequeño de kínder (4 años), quien al mirarme me saludó emocionado “¡Buenos días, ‘lilectol!’. El júbilo reveló sin duda otra de las herencias que nos deja la pandemia y que debemos superar con trabajo y urgencia.

Así es, junto al caminar bamboleante del pasito de pingüino que aún se ve en niños mayores de tres a cinco años, lo que nos grita sin duda acerca de su falta de adiestramiento en la movilidad, queda también una seria deficiencia del lenguaje a la que debemos prestarle toda nuestra atención.

El trabajo en pantalla, la falta de socialización con pares, la poca oportunidad de escuchar a adultos que les hablen claro, con buena dicción y franca pronunciación, más allá de la pobreza del vocabulario, hacen que muchos niños de este tiempo, niños del COVID, no tengan el lenguaje suficiente y la claridad y madurez para expresarse.

El fenómeno se explica solo, pero no podemos cruzarnos de brazos y dejarlo subsistir. Es imprescindible trabajar con estos pequeños para que sean capaces de expresarse adecuadamente y de conformidad a la edad que les corresponde. Para ello vale la pena y se vuelve necesario que padres y educadores trabajemos juntos: leerles cuentos o historias, o lo que fuere; permitirles escuchar audios de literatura infantil, tratando así de afinar el oído para conseguir la buena repetición; hablarles con sobriedad, pronunciando adecuadamente cada letra, son maneras de apoyar y ayudar, siempre y cuando no sean situaciones severas que ya reclamarían la atención de un terapista de lenguaje.

Los niños de la pandemia tienen que recuperar movilidad trabajando en el desarrollo de sus sintonías fina y gruesa, y también por supuesto, reclaman que se trabaje en ellos su capacidad lingüística. No es posible que en el siglo de la comunicación tengamos subyacente el problema de niños incapaces de hablar con claridad solamente por el hecho de no haber tenido la oportunidad de concurrir al jardín de infantes y recibir sus enseñanzas.