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Abelardo García Calderón | ¿Y si cambiamos la estrategia?

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Bajo el eufemismo de que el comprador es un enfermo, se lo ha cobijado con normas

A partir de los últimos acontecimientos internacionales y ocurridos también al interno de nuestro país, nadie puede dudar que se realiza un gran esfuerzo para frenar y hasta destruir el mundo del tráfico de estupefacientes. Se destruyen lanchas, se detienen células completas de individuos, se ponen en prisión a cabecillas, pero no es menos cierto que los logros son mínimos y que los resultados no se sienten. Como una hidra surgen nuevas cabezas y las cosas siguen.

Hace años, cuando en el colegio estudiábamos geografía económica, un querido profesor nos enseñaba las normas con las que funciona la economía, siendo una de ellas la famosa ley de la oferta y la demanda. Es decir, claro y sencillo: más clientes, más producción y viceversa. Y vemos hoy que se ataca solo la cadena de distribución, olvidando que hay un mercado demandante que cada vez crece más y que motiva a seguir produciendo.

Bajo el eufemismo de que el comprador es un enfermo, se lo ha cobijado con normas y acaso así se ha favorecido el negocio, porque aquel que compra por primera vez, e incluso el que reincide, no es aún un adicto, necesitado, ahí sí, de toda una maquinaria de sanidad pública para tratarlo y retirarlo de ese mundo.

Acaso es tiempo de revisar otras políticas, de ver cómo tratan estos casos en países donde las adicciones son mínimas o no existen y, más bien, apuntar hacia esos objetivos, caminar por esas sendas. Si los compradores escasean, al no haber clientes, el negocio ya no es bueno. Disuadir, corregir, sancionar para curar es urgente y necesario.

Los años de claro fracaso deben enseñarnos que repetir las mismas estrategias no nos lleva a nada; cambiémoslas, busquemos en la educación, en la formación, en la familia e instituciones una salida para evitar que más jóvenes e incluso niños sigan cayendo en un mundo de inmensa soledad y dependencia, como esclavos penosos de cargas emocionales que les llevaron hacia puertas falsas y engañosos caminos.

El estadio de felicidad, ausencia e irrealidad que da el consumo no sana los problemas de fondo.

Trabajemos para salvar niños y adolescentes.