Abelardo García Calderón | ¿Tiempo para la esperanza?

No queremos que se repita lo de hace algunos años, cuando se anunciaron las famosas Unidades Educativas del Milenio
El pasado domingo, EXPRESO nos dio una noticia que saludamos con expectativa y agrado: el Gobierno Nacional destinará cinco mil millones de dólares del presupuesto para atender a la educación. Un acto que habla a las claras del interés y del reconocimiento del sector como uno de los fuertes pilares para el desarrollo.
Claro está que ese monto debería ser un incremento cierto y real, y no el resultado de la unión de otros ministerios y secretarías que hoy son independientes, o un simple juego de equilibrio presupuestario. Ahora bien, casa adentro, el Ministerio debe comprender que el asunto económico no lo es todo, no lo resuelve todo; que es la base, sí, y la plataforma para asentar en esas cifras verdaderos cambios en infraestructura, mantenimiento, equipamiento, capacitación docente, entre otros.
No queremos que se repita lo de hace algunos años, cuando se anunciaron las famosas Unidades Educativas del Milenio, que también nos llenaron de esperanzas, pensando que iríamos a instituciones diferentes de las que ya existían; que tendríamos jornadas extendidas hasta la tarde para mantener al alumno seguro y en plenas realizaciones; que, a lo mejor, se le ocurriría a alguien seleccionar al estudiantado que a ellas ingresara, para avanzar a ritmos más acelerados y obtener mejores resultados, equiparando capacidades, habilidades y destrezas. Pero nada de eso ocurrió, y se convirtieron simplemente en bonitas instalaciones para hacer lo de siempre.
Seguramente al decir lo anterior alguien piense en discriminación y selección, pero ante esa idea es bueno que recordemos que la educación no es un paraguas que cubre a todos por igual, sino más bien un encauchado (un chubasquero, un impermeable) que se hace prácticamente a la medida. Por eso es importante armar grupos homogéneos que permitan un buen ritmo de aprendizaje y un mejor rendimiento docente.
El Ministerio debería estar entonces trabajando ya en cómo van a ser administrados esos fondos, que ojalá no vayan solo a sueldos burocráticos, sino que cubran las necesidades y expectativas de una mejor educación pública.