Columnas

Aterrizar en las aulas

"Los problemas surgen más bien en el cómo hacerlo y las dificultades aparecen en lo circunstancial"

Si bien en los grandes enunciados y objetivos de la educación contemporánea casi todos estamos de acuerdo y coincidimos, las diferencias se dan cuando de aplicar la teoría se trata. Así, cuando hablamos de que es necesario desarrollar el pensamiento y construir la inteligencia, los problemas surgen más bien en el cómo hacerlo y las dificultades aparecen en lo circunstancial.

Caminar hacia el desarrollo de la inteligencia crítica y de la creativa es una meta por alcanzar, pero, ¿cómo hacerlo en la realidad fiscal cuando muchas veces los escenarios del aula no son propicios ni se prestan por las condiciones que marcan el entorno y el número de estudiantes que forman la clase?.

Para construir la inteligencia y desarrollar la mente se necesita como condición “sine qua non” de grupos pequeños. La clase de 40, 50 alumnos o hasta de los 100, que en ocasiones se ubicaba en los colegios llamados emblemáticos, hoy no permite trabajar en los nuevos objetivos de la educación y ciertamente, no va más.

El grupo grande podía tolerarse y era factible manejar hasta cierto número en el tiempo de la memoria, cuando al estudiante para decir que había aprendido le bastaba solo con repetir de manera textual lo que estaba en el libro, en el copiado o lo que había escuchado del profesor.

Hoy las exigencias son radicales en demandar grupos más pequeños con los cuales el profesor pueda permanentemente interactuar, estimular intelectualmente y motivar.

En estas condiciones y ante la urgencia de grupos pequeños, se necesitaría de más aulas, más profesores para albergar y atender el universo de alumnos que estudian en la educación pública, pero, ciertamente para ello, no hay dinero para construir y para el Estado no es conveniente incrementar su gasto corriente ni masa laboral.

Se vuelve necesario entonces trabajar con creatividad para poder conseguir que las nuevas propuestas educativas puedan ser manejadas y traspasarse a la educación pública, cambiando radicalmente los escenarios y propiciando opciones diferentes de una educación nueva demandada con urgencia. ¡Manos a la obra!