Puntos del centro de Guayaquil que necesitan una verdadera transformación

Es un ambicioso plan, pero el beneficio social será inconmensurable pues tendremos un nuevo Guayaquil.

Existen tres o cuatro puntos específicos que necesitan una verdadera transformación. De este a oeste: parque La Victoria. Transformarlo en una gran pista de baile a cielo abierto, donde quepan de dos a tres pistas, en cuyo interior se admita la venta de comidas y bebidas alcohólicas con cierta moderación (introducimos este pedido con base en la experiencia de Cali, Colombia, donde las calles se convierten en pistas de baile). El guayaquileño es alegre, bailador y zalamero, parte sustancial de su ser que paulatinamente le ha sido coartada. El Mercado Central debe convertiste en un verdadero centro comercial, con toda la tecnología de los edificios inteligentes de no menos de seis pisos, donde quepan hoteles, bancos, cines, etc. Remodelación total del parque Seminario, que acusa marcada vetustez, sin cambiar su esencia, sino tornándolo más amigables al medio ambiente con veraneras u otras flores y plantas, adecuadas piscinas iluminadas para ser apreciadas por las noches, frondoso césped y dentro de ellos grandes comederos para las iguanas. Cambiar el recorrido de la metrovía, desde Eloy Alfaro y que tome la calle Juan Gómez Rendón hasta la Av. Quito; de esta calle hacia el norte, hasta la calle Sucre y que siga su recorrido actual. Con ese recorrido cubre distancias equidistantes del centro neurálgico y comercial de Guayaquil donde se hace relativamente fácil dirigirse a pie a la periferia antes descrita, sin interrumpir el comercio con cerramientos entre veredas y dejando abierta la alternativa para que en momentos de mayor afluencia ciudadana, como ocurre los 24 y 31 de diciembre, se transformen en vías peatonales. Colocar un cerco de gruesas cadenas en el Castillo Ala- Vedra y Tama para evitar la orina que por las noches depositan los transeúntes y darle mayor vistosidad a esta elegante estructura echada a menos. Limpiar permanentemente la Bahía y organizar y, de ser posible, uniformar a los vendedores autónomos o de calle. Cambio de mobiliario urbano y dotación de servicios higiénicos públicos. Es un ambicioso plan, pero el beneficio social será inconmensurable pues tendremos un nuevo Guayaquil.

César Antonio Jijón Sánchez