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Diario Expreso Ecuador

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Se suele decir que en política la moral es otra. La moral es una propiedad del alma y el alma es esencia del ser, tal como el ser es su comportamiento frente a las demás personas del medio social de su entorno y toma vigor del aliento de vida que el espíritu le da. Así fue creado el hombre. Cada ser humano es dueño de su moral, hay una moral distinta para cada uno. El ser humano está regido por la ley suprema de Dios y la ley de los hombres relacionada al entorno social en que vive. Tan pronto como se dieron cuenta de que para vivir en sociedad era necesario que cada ciudadano tenga deberes y obligaciones para que exista un ámbito de paz y armonía surgió la ley. Esta recogía todo aquello que las masas consideraban apegado a las buenas costumbres, justo e inteligente. Uno de sus propulsores fue Blaise Pascal. Su obra póstuma, La paradójica naturaleza humana, a la que agregó en términos coloquiales, el ser humano es un artículo de uso delicado.

Quienes deseen ser elegidos -los políticos- para un cargo público tienen que pasar por un tamiz y jamás considerar aquellos de malas costumbres. Dentro de la ley suprema y en la ley de los hombres el ser humano tiene derecho a la inviolabilidad de su vida, nadie puede matar y ninguna ley puede sentenciar a pena de muerte. Si un criminal huye y alguien lo mata se convierte en reo de culpa. Si un criminal, armado o no, intenta matar a un semejante y este en defensa de su vida lo mata, queda libre de culpa. El porte de armas en estos momentos es necesario, solo para ser usada cuando intenten despojarlos de su vida o pertenencias.

Jorge Morán Mosquera

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