Tenemos tantos ladrones que pueden creer que todos somos iguales
Y no es que falten leyes para evitar la corrupción; sobran
Al revisar cualquiera de las adquisiciones que hace, por ejemplo, el IESS, rara será la que se haya realizado sin observaciones, siquiera civiles y/o administrativas. Y no es que falten leyes para evitar la corrupción; sobran, e incluso reglamentos, pues todas las fases a cumplirse están normadas, desde la etapa preparatoria hasta el pago de los bienes o servicios adquiridos, pasando por los períodos precontractual, contractual, ejecución y liquidación. Sin embargo se dan varias interpretaciones a cada regla en función del “interés del intermediario” y los “entendimientos” con la autoridad o grupo de trabajo, incorporándose incluso determinadas “exigencias no previstas” en el ordenamiento jurídico para favorecer a determinada propuesta. La Ley de Contratación Pública dispone, por ejemplo, que el propósito de la subasta inversa es permitir que el Estado adquiera bienes y servicios de “buena calidad”, pero al precio más bajo, lo cual en la compra de medicinas no se cumple porque es fácil ‘pagar’ para que algunos requisitos no se exijan o se acepten certificaciones falsas, sin registro sanitario y ofertas con sobreprecio. Cuando la prensa lo descubre, las autoridades informan que esas anomalías se suscitaron en administraciones pasadas, en lugar de aceptar el perjuicio a la institución y presentar la demanda respectiva en Fiscalía. Bien decía Carlos Julio Arosemena, refiriéndose al actual CNT que lo mejor que se puede hacer con esa empresa es quemarla y sobre sus cenizas construir “otra que no tenga tantos pecados”. ¿Qué hacer con el IESS?
Iván Escobar Cisneros