Hambre, miedo y un salvador

Tal vez el salvador se halle a la vuelta de la esquina, esperando en una papeleta con la fórmula mágica para quitarnos el hambre y el miedo

El 17 de mayo el presidente que prometió resolver todos los problemas del Ecuador en 100 minutos decretó la muerte cruzada y en pocos meses deberemos elegir otro presidente y a más de 100 asambleístas, que solo permanecerán en el cargo alrededor de 18 meses -que restan del periodo-, calzando los zapatos rojos de quien nos juró que sería nuestro salvador. Y en El Salvado parece que ya encontraron al suyo, un remedo de dictador que sabe muy bien cómo usar las redes sociales para venderse. Que montado sobre una ola de sangre y muerte ha encontrado en la violencia legitimada del Estado el remedio para crear un mundo a su medida, donde el fin justifica los medios. Esto genera muchas críticas, pero se compensa con millones de votos, y como los votos son el alimento de los políticos, no sorprende que la lucha contra el miedo sea la bandera que levanten quienes esperan obtener una escalera eléctrica hacia el poder. Los partidos políticos están deslegitimados; quienes aún se mantienen en la proa del barco que se hunde, corren en círculos como ratas encontrando una grieta en donde esconderse, una camioneta en la que subirse. Como siempre, en nuestro feliz país será el guapo, el elocuente o el sabido quien terminará reinando. Por ello referiré consejos prácticos para que identifiquen rápidamente a quienes tienen que votar, para ahorrarnos la molestia de que luego haya otra muerte cruzada, se boten entre ellos, y tengamos nuevamente que ir a votar; y a los que tengan mala suerte, los boten de la casa a las 5h30 para que por $ 40 que aún no paga el CNE les toque estar en mesas electorales, en sillas de niños de 7 años, ayudando a que otros voten. Los problemas del país no se arreglan en 100 minutos, ni en 10 años; quien te pinte un país de mariposas en corto tiempo: afuera. Quien te diga que la violencia se termina a punta de violencia: afuera. Quien te hable sobre el hambre y conduzca un Lamborghini: afuera. El que ha vestido camisetas rojas, amarillas, verdes o naranjas y sigue sin saber qué tono combina mejor con la cara de tuco: afuera.

Tal vez el salvador se halle a la vuelta de la esquina, esperando en una papeleta con la fórmula mágica para quitarnos el hambre y el miedo, perdido entre los cantos de sirena que nos siguen aturdiendo. Quizá solo es cuestión de tiempo; ya aprenderemos a votar.

Francisco Andrés Ramírez Parrales