No al estímulo del conflicto
Activemos el ser que hemos de ser, bondad y verdad en movimiento, luminaria y horizonte en cercanía, pulsación y paciencia en itinerario, verbo y verso en vínculo de latidos.
Démonos al empuje de la palabra, al impulso del diálogo verdadero, al cruce de apacibles miradas, al incentivo de la afable escucha; que oír y dejarse oír es sosegarse. La violencia nunca resuelve nada, ni disminuye sus efectos ni consecuencias dramáticas; es una fuerte derrota de la razón, que no sabe respetar ni respetarse. Liberémonos de toda hostilidad, pongamos orden en vez de caos, asentemos dignidad en la bajeza; para que crezca el pan de vida, por la gracia de Dios en nosotros.
Víctor Corcoba