La corrupción nos aplasta
Estos robos han tenido como destino los paraísos fiscales y más receptores del dinero mal habido
El Maestro Ángel Felicísimo Rojas decía con indignación, en reuniones de amigos y coidearios, que “donde se aplasta sale pus”, para magnificar el grave daño que hacen al Ecuador los que sin rubor alguno se apoderan de los bienes públicos, lo que hace que los gobiernos se vean precisados a dictar políticas de austeridad que muchas veces no son efectivas, en razón de que los ladrones de corbata y los de baja calaña tienen sus propios sistemas para cometer los ilícitos, que muchas veces no son sancionados por una Función Judicial que no cumple con sus obligaciones de castigar a los que se llevan el dinero del Estado y lo obligan a que se endeude, lo que conlleva que los mandatarios no tengan recursos para la obra pública y más menesteres propios de su actividad.
Pese a que se han formado muchos órganos de control, esta verdadera plaga de ladrones no ha podido ser controlada, lo que nos lleva a concluir que mientras más comisiones anticorrupción se crean, más delitos se cometen, muchas veces con la complicidad de los funcionarios. Sería muy larga la lista de infracciones que se cometen, pero las más relevantes que podemos señalar y que han causado millonarias pérdidas son la sucretización, procesadora de basura de Guayaquil, el caso del arroz con gorgojo, muñecas de trapo, Ecuahospital, gastos reservados, Flores y Miel, terminal terrestre de Guayaquil, AGD, feriado bancario, saquillos con dinero en Carondelet.
Más recientemente, en la banda correísta, la narcovalija, comecheques, tenedores de deuda externa, chalecos para motorizados, contratos petroleros y los sobreprecios millonarios como en la Refinería de Esmeraldas, poliducto de gas, terrenos de la Refinería del Pacífico, utilización de fondos públicos para campañas electorales, extorsión a contratistas del Estado para obtener grandes beneficios económicos, la venta del Hotel Quito (como se dijo, a precio de gallina enferma), la perla de Sinohydro, los inefables diezmos, etc.
Estos robos han tenido como destino los paraísos fiscales y más receptores del dinero mal habido, que difícilmente se podrá recuperar en razón de que los autores y cómplices son puestos a buen recaudo lejos de la justicia que los podría juzgar, por lo que el Estado es el primer perjudicado de estos atracos que seguramente quedarán para las calendas griegas, con el beneplácito de los agraciados beneficiarios.
Bolívar Brito Santos