Cartas de lectores: Sarampión, viruela, papera y otros males más...

El problema no es la receta, sino que hacen falta buenos chefs

Soy de la época del sarampión, viruela y papera; del salpullido, fuetazo y erisipela; rodajas de tomate, carne cruda, la leche de cebolla, el almidón tostado y un sapo grande mal parqueado.

En mi juventud tuve la fiebre del socialismo, izquierdismo o progresismo; tenía bajas defensas, seguramente por tanta derecha, tanta opresión y corrupción. Estos atropellos históricos promueven cambios de rumbo hacia nuevas ideas y programas.

La receta del socialismo suena bien: justicia en la redistribución de la riqueza, igualdad de oportunidades, trabajo sobre capital, y todo el lirismo que convence a mentes rebeldes e innovadoras.

Ya viejote, seguía con la bandera roja, el puño en alto, cantando “la internacional”, escuchando a Silvio y Pablo; las injusticias en Ecuador han sido reales, la explotación de trabajadores persiste, y ser oposición nos da un estatus de conveniencia, pues siempre los malos son los otros.

Revisando la historia, los gobiernos socialistas no han logrado la igualdad prometida; su radiografía muestra autoritarismo, corrupción, riqueza concentrada, desigualdad persistente y líderes que se perpetúan en el poder. Las leyes se aplican a los opositores; la receta es una utopía y se han creado nuevos ricos, con pocas excepciones.

Después de superar el medio siglo, reflexionar, leer, aplicar lógica y vivir injusticias, la conclusión es clara: la corrupción no tiene ideología.

Los males sociales se aplican en derecha, centro e izquierda; esclavismo, feudalismo, capitalismo y socialismo han sufrido lo mismo. Todas las recetas quedaron en lirismo, cinismo y desvergüenza. El desarrollo de los pueblos va más allá de discusiones miopes; el ser humano necesita salud, educación, seguridad, trabajo, justicia y libertad.

La corrupción es fácil de descubrir: mira entradas, salidas, posesiones y gastos. Es la mayor epidemia de derecha o izquierda.

La vida no es discusión de ideologías ni religiones; es simple: no hagas lo que no quieras que te hagan, respeta, ayuda a quien lo necesite, y olvídate de izquierda y derecha. Capital con trabajo funciona, y ambos me sirven para vivir y abrazar con libertad.

El problema no es la receta, sino que hacen falta buenos chefs.

Leonardo J. Tapia Blacio