Cartas de lectores | Próximo Oriente Próximo

El mundo sigue girando y la estulticia digital continúa engrasando el debate

Estados Unidos, respaldado diplomáticamente por Egipto, Catar y Turquía, ha salido fortalecido de la guerra entre Israel y Hamás: Donald Trump concentra la atención global, mientras el mundo proyecta la imagen de una empresa planetaria con un CEO indiscutido. El cuadro mezcla pragmatismo y cierta vergüenza ajena.

Las palabras del primer ministro camboyano, Hun Manet, resumen esta dinámica: tras el último conflicto con Tailandia, afirmó que Trump merece el Nobel de la Paz por su “diplomacia innovadora”.

La guerra, iniciada con la peor masacre de judíos desde la II Guerra Mundial y concluida con la devastación de Gaza, busca encaminarse hacia la paz mediante una misión internacional de estabilización que siente bases para una reconstrucción fuera del control de Hamás.

Mientras el Estado palestino gana reconocimiento diplomático pero pierde forma geográfica, la transición política deja muy debilitados al grupo terrorista y a su patrocinador iraní; también Hezbolá atraviesa un momento bajo. Aun así, Hamás podría replegarse y recuperar influencia sin la carga de gobernar. El próximo conflicto tomará nuevas formas.

Israel, en este contexto y consciente de que el rostro árabe dominante ya no es el de líderes como Al-Ásad o Gadafi, puede aprovechar la coyuntura para avanzar sus objetivos estratégicos, con algo más de alineamiento con Washington. Además, las zonas colchón se han vuelto más complejas y móviles.

En Occidente, el debate político ha consolidado un intercambio de narrativas: quienes históricamente hostigaron a los judíos hoy defienden con firmeza al Estado israelí, mientras que otros, deseando su desaparición, se alinean con actores que contradicen sus propios valores. El judaísmo sigue siendo una herramienta simbólica central, usada tanto para señalar a un opresor como para proyectar frustraciones ideológicas.

Interesarse por sucesos lejanos es signo de amplitud intelectual, e indignarse ante gobiernos, militares o terroristas es sano para la democracia. Pero la pasión sin conocimiento revela intenciones y busca siempre nuevos vehículos.

Mientras tanto, el mundo sigue girando y la estulticia digital continúa engrasando el debate; aun así, la distensión en Oriente Próximo avanzará mejor reduciendo su presencia virtual.

Augusto Manzanal Ciancaglini