Cartas de lectores | Los ciudadanos estamos a merced del hampa

Un país sin memoria tropieza siempre con las mismas piedras. ¡Prohibido olvidarlo!

Superados, solo en parte, por la grave crisis económica desatada que ha profundizado los abismos entre las clases sociales y la consiguiente pérdida de oportunidades para muchos, los desgobiernos, la violencia generalizada, las protestas de los inconformes, etc... también han resurgido o se han afianzado diversas formas de delincuencia que ponen en peligro la estabilidad institucional, la vida, la libertad y los patrimonios de las personas honestas y, en general, los derechos humanos, como el crimen del candidato presidencial Fernando Villavicencio. Pero durante los meses transcurridos del presente año, llaman la atención los miles de asesinatos, asaltos masivos, vacunas, secuestros y lugares de esparcimientos que son atacados por pandillas organizadas. En algunos casos, esas bandas tienen objetivos muy precisos cuyo accionar se asemejan al caso de Medellín en Colombia allá por los años 90. Ante el temor de ser atracados, secuestrados o asesinados, por robarles o por muerte colateral en lugares públicos, o en sus propios negocios o emprendimientos, urbanizaciones residenciales, la gran mayoría de ciudadanos han adoptado medidas extremas para evitar esos hechos y se han recluido de forma forzada en sus hogares, así no tengan la tranquilidad y paz que les están siendo arrebatadas.

A no dudarlo, hechos o situaciones tan graves como las descritas, que tienen en tensión a la ciudadanía en general, demandan el pronto accionar de nuestras autoridades mediante la debida prevención y represión de tales conductas. Como es obvio, eso requiere de todas las autoridades civiles y militares, además de nuevas estrategias bien coordinadas y prestas a neutralizar y disminuir los actos delictivos de los insaciables delincuentes. Piénsese en el accionar de le Fiscalía General del Estado, de jueces y, en general, de todas las organizaciones encargadas de la persecución penal en los diversos niveles, incluyendo a los corruptos de saco y corbata que permanecen enquistados en altas esferas del Estado.

Por supuesto, también urge la colaboración ciudadana, de los gremios, de empresarios, de la banca, el comercio, etc. S a estas manifestaciones delincuenciales no se les pone coto de manera oportuna, terminaremos nuestros días sitiados y viviendo en una cuarentena permanente, más de lo que ya estamos, presos de terror y a merced de ellos. Un país sin memoria tropieza siempre con las mismas piedras. ¡Prohibido olvidarlo!

Mario Vargas Ochoa