Cartas de lectores | La enfermedad de barra brava está consumiendo al país
Esta enfermedad de barra brava se está consumiendo al país. ¡Buen día!
Discúlpeme, apreciado lector, por un título tan frontal y tal vez hasta grotesco, no por los calificativos -pues quien persiga al uno o se identifique con el otro debería sentir un orgullo absoluto- sino por la crudeza de la realidad del entorno que se describe.
Hemos arrancado un nuevo año y con este título pretendo llamar su atención, pero sobre todo invitarlo a la reflexión. Un país no puede condicionarse, bajo el argumento de la ‘tibieza’, a encarrilarse en dos posturas que están acabando con el Ecuador. Ya sé que usted empezará a lanzar adjetivos, sea para el uno o para el otro, pero pretendo hablarle a su conciencia, a su pragmatismo y a su profundidad cotidiana; esto último, sobre todo.
El ciudadano común, al igual que usted o yo, vive en una constante incertidumbre. Para ser prácticos, poco o nada le interesa quién defiende al uno o ataca al otro, porque siente que, institucionalmente, ambos en el ejercicio del poder le complican la vida diaria.
No soy médico, pero entiendo que una epidemia se propaga con rapidez; así es la efervescencia del ‘anti’. También entiendo que una pandemia es fruto de esa rapidez que ha consumido, en algún momento, a una mayoría. Hoy no quiero enfocarme en la enfermedad en sí, porque la hinchada y la férrea defensa de un grupo o de su antagonista se diagnostican simplemente como una fanaticada enferma. Excluyo, por supuesto, a quienes han demostrado conocer y defender lo ideológico con coherencia.
Le propongo una solución. El ánimo es fundamental, así que, primero: sin desconocer su existencia, dejemos de alimentar la enfermedad mencionándola a cada instante. Segundo: consuma una dieta sana de información; busque la verdad y no sea un replicador de ‘fake news’ o de arengas burdas en defensa de A o B. Tercero: haga el ejercicio diario de plantear, compaginar e identificarse con una solución distinta y totalmente independiente de la patología política actual (una tercera vía). Por último, acuda al médico -un profesional cercano y cotidiano- porque “así como un médico sana el cuerpo, solo un político formado salva al cuerpo social” (un proyecto, no un caudillo). Para lo primero no se busca a un fanfarrón y, para lo segundo, tampoco a alguien que niegue ser político.
Para terminar, auméntele el sufijo (ista) al ‘pro’ y al ‘anti’ y entenderá cómo lo escrito cobra total sentido. Esta enfermedad de barra brava se está consumiendo al país. ¡Buen día!
Elvis Alberto Herrera Cadena