Cartas de lectores | La chica de al lado

¡Feliz viaje! (Escrito en un vuelo Guayaquil-Miami, ¡a miles de pies de altura!)

No sé quién será, ni cómo se llama. Si es de aquí o de allá. Si su destino final será el mismo que el mío o va de paso a otro lugar. Cuando llegué, apenas la saludé. A veces uno duda en ser amable o educado, pues lo pueden confundir con hostigador o algo peor. Tiene ese rostro que es muy familiar, universal. Propio de personas relajadas, con todo bajo control. Segura de sí misma. Trato de encontrarle el parecido con alguien que creo conocer. No lo encuentro. De pronto me pregunta la hora. Son las ocho y cinco, dije. Estamos retrasados con más de una hora. ¡Quién sabe por qué! Ya embarcados, nada podemos hacer, estamos en manos del piloto, o del gran capitán. Empezamos a movernos y se apagan las luces. Ahora sí, ¡a volar! Se persigna, luego se agacha y toma algo entre sus manos. De reojo veo que es un rosario. Me acuerdo de mi difunta esposa que decía que ese era el mejor seguro de viaje y de todo lo que necesite para hablarle al Creador a través de su madre. ¡Qué bien! Alguien viaja a la ‘antigua’, con fe. Empecé a sentirme seguro. Relajado. Terminado el rezo hizo algo más que también me sorprendió: empieza a leer un libro digital. ¡Vaya! Otra cosa original. En mis viajes, que no han sido muchos como quisiera, he visto a personas que duermen, que juegan en sus dispositivos electrónicos, que ven películas, oyen música, conversan simplicidades y un montón de etcéteras. Pero persignarse, rezar un rosario y leer un libro en pleno vuelo no se ve todos los días. Me dije, si a ella le gusta leer, a mí me gusta escribir. ¡Feliz viaje! (Escrito en un vuelo Guayaquil-Miami, ¡a miles de pies de altura!)

Roberto Montalván Morla