Cartas de lectores | La casa se sentía pesada
Muchos creen que almas en pena rondaban la casa, pues donde ahora se levantaba, antes sí había sido un camposanto
En un pueblo de la costa de Santa Elena existía un terreno baldío donde nadie se atrevía a construir; se decía que antes había sido un cementerio. Un día llegó una valiente mujer llamada Fanny, quien construyó una gran casa en ese lugar. La vivienda era admirada por sus bellos jardines, amplios ventanales, balcones y su gran techo rojo de tejas. La mujer tuvo que viajar y dejar solo su hogar. Al regresar, encontró que en el interior sucedían hechos anormales: la vajilla se estremecía, los muebles cambiaban de lugar, las cortinas se movían solas, los gatos maullaban sin parar y las lechuzas llegaban cada noche. Fanny no podía vivir allí porque cada noche sentía que en la puerta de su dormitorio un hombre la observaba fijamente. A veces sentía que se acostaba a su lado sin poder moverse. El exterior de la casa era hermoso, pero en su interior se percibía terror. Fanny sentía la piel de gallina y temblaba de miedo, pues sombras y voces la perseguían por los corredores y cuartos del caserón. La mujer vivía un trauma constante: no podía dormir, sus ojeras eran profundas, enflaquecía a diario y su piel se volvía cada vez más pálida.
Un día, una amiga le aconsejó enfrentar a la sombra. Esa noche, reuniendo valor, le gritó: “¿qué quieres?”. Desde entonces, la sombra no volvió a molestarla ni a presentarse. Fanny pudo vivir tranquila. Muchos creen que almas en pena rondaban la casa, pues donde ahora se levantaba, antes sí había sido un camposanto.
Evelio Patricio Reyes Tipán