Cartas de lectores | Cuesta abajo
Sin rubor alguno, desde lo virtual, varias docenas de asambleístas leen párrafos ofensivos a la lengua castellana
En mis años mozos aprendí a escuchar de gente sensata, honesta y de gran experiencia, que no hay mejor cosa que las leyes de cualquier sociedad cumplan requisitos que las vuelvan certeras, ejecutables y justas, de amplio interés y beneficio general, y que provengan de la moral y sabiduría de los legisladores. ¡Verdaderos legisladores!
Confieso que siempre me deleitó escuchar las sesiones de los parlamentos nacionales que hace años transmitía la radio HCJB de Quito y después, ya universitario, asistía a muchos debates parlamentarios como la Asamblea del 66-67 y su congreso posterior.
Allí me nutría de intervenciones sabias, a veces candentes y cuestionadoras, otras sumisas al régimen, con ideologías de incienso.
Allí las voces de Carlos Julio Arosemena, Carlos Cueva Tamariz, Andrés F. Córdova, Carlos Arízaga Vega, Raúl Clemente Huerta, Pedro Saad, Gonzalo Cordero Crespo, Nicolás Castro Benítez, del mismísimo Asaad Bucaram, Rodrigo Borja y hasta del propio León Febres-Cordero. Todos llenos también de ‘partidocracia’, pero apuntalando una democracia, si bien frágil, alentando a nuevas generaciones en un país fragmentado social, económica y políticamente. Cosas de los tiempos.
Hoy, en cambio -tiempos de pos-Covid y ‘estados de excepción’- sin rubor alguno, desde lo virtual, varias docenas de asambleístas leen párrafos ofensivos a la lengua castellana, llenos de expresiones barriobajeras, cargando presuntas corruptelas, apuntalan sus votos para pedir renuncias o emprender juicios políticos desde una trinchera de demagogia, en pleno tiempo preelectoral, a base de dislates, dentro de una vocinglería embaucadora.
Sus exclamaciones contagian a los futuros ‘presidenciables’, puesto que no hay mejor cosa que llover sobre mojado cuando de mendigar votos se trata. O de comprar… de vender humo.
Todo, mientras el país camina al despeñadero, empujado por el régimen, los GAD, burgomaestres, ediles, políticos prófugos y otros en ‘territorio’. O doblando papelitos de origami.
¡Que les vaya bonito!
José Albuja Chaves