The informer, una sensación de constante peligro

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The informer, una sensación de constante peligro

Aunque el tema del narcotráfico es recurrente, su dirección y guion se convierten en plus indiscutible.

The informer
Las actuaciones masculinas no destacan particularmente, pero la vida de la mafia y el narcotráfico está bien reflejada.Facebook theinformermov

Seis kilos de fentanilo, narcótico sintético opioide y letal llegará a los Estados Unidos procedente de Polonia. Recibirá el cargamento un individuo llamado Peter Koslow (Joel Kinnaman) quien, secretamente, es soldado de Operaciones Especiales en asocio con Wilcox (Rosamund Pike), agente del FBI y su jefe, Montgomery (Clive Owen).

El afán es capturar al General (Eugene Lipinski) y sus narcotraficantes. Pero situaciones peligrosas hacen que Peter vuelva a Bale Hill, cárcel de alta seguridad para centralizar allí la venta del fentanilo. Ante aquella situación, Sofía (Ana de Armas), su mujer, y su hija Anna (Karma Meyer) quedan expuestas a la mafia y a ser perseguidas, no solo por la banda sino por un miembro del FBI: Grens (Conmon).

Lo que usted lee diariamente sobre drogas, sicarios, valijas diplomáticas y revueltas carcelarias queda reflejado en The informer (Sospecha Mortal), de Netflix, así como la forma en que ingresa la droga a las prisiones, sus autoridades corruptas y el peligro constante en que viven traficantes, policías y sus familiares. Todo bajo la astuta dirección del italiano Andrea DiStefano y cuyo guion está basado en la novela Tres Segundos.

Y no es que el filme sea muy original que digamos, pues todo clisé fílmico está repetido a saciedad, pero en forma tal y ritmo que la cinta conlleva, a pesar de su redundante violencia, a entretener en sus dos etapas: estupefacientes y cárcel, presentadas como si fuesen dos películas envueltas en un solo paquete.

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El sonido del largometraje es llamativo: puertas que se cierran, disparos y sobre todo el ulular de una sirena en la cárcel y el timbrar de un celular en el momento cúspide: una bronca. Aquellos sonidos hacen que el espectador sienta la desesperación del momento. El guion es frío, ágil y despiadado.

La presencia y actuaciones de Rosamund Pike y la erótica Anna de Armas muestran lo que es fulgor estelar, algo que el cine actual está perdiendo de vista: Ya no hay grandes estrellas… eso quedó para los efectos especiales. La Pike con su fría dignidad y la cubana de Armas con una belleza que evoca a Brigitte Bardot son las llamadas a revivir el mito. Ambas atrapan la mirada del cinéfilo; la primera por su buena actuación y la segunda, además, por la voluptuosidad que su presencia evoca.

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En lo que a la pequeña actriz que tiene a su cargo el rol de Anna, Karma Meyer, sorprende por la madurez de su rostro: más que el de una niña, es la faz de una mujer. Los actores masculinos no destacan y Clive Owen ha tenido mejores papeles en su carrera.

Mérito del filme es su constante sensación de peligro, especialmente en las secuencias de la fingida violencia doméstica o todos los momentos vividos en la prisión. Pero falla en los momentos en que baja la presión.

El final parece indicar habrá una secuela.

  • CALIFICACIÓN: * * *