Netflix: Poco Ortodoxa, una serie de opresión y libertad

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Netflix: Poco Ortodoxa, una serie de opresión y libertad

Basada en autobiografía de la escritora Deborah Feldman, narra en cuatro episodios la vida de Esty, una chica judía que lucha por encontrar su destino

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Escenas duras marcan parte de la trama.Netflix

Esther ‘Esty’ Schwartz (Shira Haas) es una muchacha judía jasídica nacida y criada en Williamsburg, Nueva York, y de acuerdo a la tradición, va a casarse con Yanky Shapiro (Amit Rahav); así lo han resuelto sus padres y el rabino Yossele (Eli Rosen).

Por su vaginismo (miedo al dolor durante la relación sexual), Esty demora en consumar su matrimonio, lo que genera problemas y la posterior intervención de la suegra, la tía y prácticamente… ¡toda la familia!

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La joven esposa no tolera la situación y huye a Berlín para tratar de reunirse con su madre, buscar otras formas de vida. Allí conocerá a un grupo de estudiantes. Forja amistad con ellos y decide ingresar al conservatorio de música y perfeccionar sus conocimientos de piano. Sospecha que está embarazada y, sin ella saberlo, en su ciudad natal se dispone que Moishe Lefkovitch (Jeff Wilbusch) y Yanki se dirijan a la capital alemana para encontrar a la escurridiza novia.

La diafanidad expuesta en sus primeras escenas, la presentación de Etsy, las familias, las costumbres, no reflejan lo que posteriormente mostrará esta nueva miniserie de Netflix, donde cuatro episodios narran la historia. Su directora (María Schrader) recurre a flashbacks que bien podrían traducirse como recuerdos, pues todos y cada uno de ellos van orientados al espectador a través de las causas que motivaron la reacción de la joven.

El guion (basado en la autobiografía de la escritora Deborah Feldman) no solo expone diálogos sino que profundiza la psicología de los personajes: Esty es una muchacha buscando su espacio en el mundo. Yanky es un buen sujeto pero dominado por su madre, incapaz de tomar decisiones. Moishe es un truhán disoluto. La abuela y la tía son mujeres esclavas de la tradición y, a momento, crueles.

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Delineados los personajes y la trama, sobresale -descomunalmente- el vestuario: los varones, en pleno siglo XXI, llevan sacos del siglo XIX (esa es la costumbre actual). Los sombreros van de ala ancha hasta los enormes ‘shtreimels’ fabricados con piel de visón (en el telefilme no lo son), los cabellos van largos, con espesas barbas y bigotes, amén de sus formas de bucles que caen para seguir enmarcando el rostro, lo cual es una tradición pues La Torá dice: “No cortarás el pelo de los costados de tu cabeza” y El Talmud explica el término ‘costado’”: “Se refiere al cabello que crece entre las orejas y la sien” porque, afirma Wikipedia, “eso los diferencia de los idolatras”.

Se hace necesario explicar estos detalles para disfrutar más de una miniserie que se convierte en enseñanza ya que pocas veces Ecuador ve películas judías, en su idioma yiddish y subtitulado en español. Exceptuando quizás 'El violinista en el tejado' (1971) o 'Yentl' (1983), sin olvidar los festivales.

La secuencia de la boda es la mejor de todas: el televidente se convierte en espectador de la misma, hasta acaparar su total absorción: la purificación, los preámbulos de la ceremonia, el comportamiento de hombres y mujeres en una sociedad que los separa, los cánticos, los bailes, la ruptura del vaso o copa de cristal, los rituales, la fiesta quedan expuestos a saciedad

También figuran los almuerzos familiares, la llegada del Sabbath, mostrada con pureza fílmica. Pero todo esto, que a momentos suena idílico, se transforma con la llegada a Berlín; entonces la gran ciudad muestra la vida tal cual es, donde la juventud y fusión de razas mantienen el vibrar de la existencia, donde aún se habla de la persecución a los judíos y el Holocausto, comentado entre bromas y verdades.

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La escena del matrimonio se roba por completo la atención del espectador.Netflix

Así 'Poco ortodoxa' va cubriendo campos y señalando que el modo de tratar a los demás debe ser considerado, que se debe hacer caso al clamor del corazón, la sinceridad y los sacrificios que deben gestarse para dar calidad al amor.

Las actuaciones enarbolan una sencillez meritoria, especialmente la de Shira Haas con su rostro moldeable y la expresividad de sus ojos. No es bella, pero el televidente la verá en otra forma. Rahav, como Yanki, es brillante: tímido, impaciente, sorprendido y desprendido en el momento del rencuentro. El grupo de músicos, bien: muestrario de razas, temperamentos, virtudes, sueños y defectos.

CALIFICACIÓN: * * * *