Cultura

Indígenas de la selva no festejan la Navidad

54 pueblos waorani veneran al jaguar, dicen ser descendientes de la anaconda. Fomentan el turismo en sus comunidades

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Amazonía. Un turista quiteño (centro) es guiado por dos comuneros en un recorrido en la jungla, camino hacia la cascada ‘sagrada’CORTESIA / EXPRESO

Bebanca Enomenga y Bay Alvarado, son una pareja de esposos waorani con siete hijos, para quienes el 24 de diciembre es un día normal en su comunidad Apaika, ubicada en la Reserva del Yasuní, provincia de Orellana.

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Se levantan y se dirigen a sus chacras, elaboran chicha y van a la selva de cacería. Se alimentan de cualquier tipo de ave, peces, animales de monte y hasta monos, que complementan con yuca, o lo que consigan en su huerta. Al caer la tarde y al calor de una fogata, comparten con la familia historias y mitos de la selva.

No celebran la Navidad ni creen en religiones, veneran la presencia del espíritu del jaguar y la sabiduría para ellos proviene de la selva. Piensan que Dios existe en el cielo, pero no profesan el catolicismo ni las creencias evangélicas. Creen que al morir se reencarnan en jaguares y dicen ser descendientes de la anaconda.  

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Actividades. Los adultos mayores preparan el tinte en recipientes de barro para pintar el rostro de los turistas.CORTESIA / EXPRESO

Sin embargo, luego de 66 años de contacto con occidente a través de misioneros y turistas, saben que algo pasa en estas fechas al otro lado de las montañas, están enterados de que los blancos y mestizos regalan cosas, entonces salen a la carretera para aprovechar la coyuntura y recibir regalos de los vehículos de trabajadores de las empresas petroleras que circulan por allí. Lo hacen por conveniencia, mas no porque sientan algo.

Según Gabriel Vidal, promotor turístico quiteño, los waoranis continúan viviendo aislados y apartados de las ciudades y la civilización. La comunidad Apaika (significa luna en la lengua wao terero), es accesible y abierta al contacto con los mestizos, pese a su aislamiento. Las nuevas generaciones viajan a las ciudades, asisten a las escuelas y universidades, por lo que combinan lo que aprenden de los mestizos con las creencias de su cultura. “Los pueblos amazónicos son más visitados por extranjeros, muy pocos ecuatorianos conocen a esta gente buena de la selva amazónica. Son valorados solo por los de afuera, y es algo que debe cambiar”, mencionó el promotor cultural.

5.000 waoranis
es el aproximado de habitantes de esta cultura en tres provincias: Pastaza, Napo y Orellana.

La comunidad Nemonpare, conformada por ocho familias, está ubicada en las riberas del Río Curaray, provincia de Pastaza, cerca del cantón Arajuno. Cuando regresan los que habitan fuera, se reencuentran con sus familias y les comentan sus experiencias y conocimientos adquiridos en el ´mundo exterior´, como compartir regalos y caramelos en Navidad y Año Nuevo. Sin embargo, no reconocen a la Navidad como fiesta propia, es un día como cualquier otro.

Según Oswaldo Nenquimo, conocido por su gente como ‘Opi’, dirigente del Movimiento Wao Resistencia, “conservamos nuestra cultura aunque conocemos las costumbres mestizas, estamos abiertos a recibir al turismo, que visiten nuestros territorios y poder compartir experiencias de la selva; como aprender la cacería, manejar la cerbatana y lanzas, subir a los árboles, visitar la cascada sagrada y degustar los platos típicos se la selva. Para nosotros quienes nos visitan son como nuestros hermanos o amigos. 

Celebran su propio calendario

Se llega a Apaika unicamente por vía fluvial, navegando el río Shiripuno desde el Coca. El viaje dura cinco horas en medio de la selva. De enero a marzo celebran la temporada de la chonta; de febrero a abril, la del capulí silvestre y la uva; de abril a mayo, tiempo del mono gordo; de octubre a noviembre, tiempo del algodón; de noviembre a diciembre de la pava blanca; y, las fiestas tradicionales a la chonta, chucula, chicha, maní, maíz, y chicha de hongo.