Cultura

Pilar Quintana: El dolor de lo que no se nombra

En ‘Los abismos’, Pilar Quintana explora el declive de un matrimonio y la ruptura familiar en la mirada de una niña. La novela obtuvo el Premio Alfaguara

Pilar Quintana
Pilar Quinta, la escritora de Los abismos.Cortesía

“Una vez mi mamá me contó que poco antes de terminar el bachillerato esperó a que mi abuelo llegara del trabajo para decirle que quería estudiar en la universidad. Estaban en el cuarto de mis abuelos. Él se quitó la guayabera, la dejó caer al piso y quedó en camisilla. Grande, peludo, con la barriga redonda y templada. Un oso. Entonces la miró con unos ojos raros que ella no le conocía. “Derecho”, todavía se atrevió a decir mi mamá.

“A mi abuelo se le brotaron las venas de la garganta y con su voz más gruesa le dijo que lo que hacían las señoritas decentes era casarse y qué cuál universidad ni Derecho, ni qué ocho cuartos. La voz terrible retumbando como por un megáfono, casi la oí, mientras mi mamá, chiquitica, retrocedía. Menos de un mes después a él le dio un infarto y se murió”. Esta revelación y otras, contadas desde la mirada de la pequeña Claudia, marcan el paso en ‘Los abismos’, la novela de la autora colombiana Pilar Quintana que recientemente ganó el premio Alfaguara.

  • BIOGRAFÍA DE LA AUTORA. Nació en 1972. Estudió Comunicación Social en la Universidad Javeriana de Bogotá. Laboró como guionista y correctora de textos. En 2003 lanzó su primera novela, ‘Cosquillas en la lengua’. Ha publicado varias obras, entre ellas la premiada ‘La perra’ y ‘Coleccionistas de polvos raros’.

WW

Verónica Coello: Escribir para poder olvidar

Leer más

La novela narra el declive de un matrimonio caleño, cuyas grietas se visibilizan en medio del silencio de lo que no se dice, y de las limitaciones de un mundo que no tolera la ruptura de las rígidas normas sociales que lo mantienen a flote.

Al igual que en su galardonada obra previa, ‘La perra’, Quintana nuevamente se adentra en los pequeños infiernos en los que puede convertirse una familia, y en la maternidad. “En ‘La perra’, volqué mis peores temores frente a mi propia maternidad: que mi hijo se muera, o maltratarlo, porque de la misma manera en que tu hijo te hace ser mejor persona, también te hace sacar tus rabias más profundas, el monstruo más terrible que vive en ti. En ‘Los abismos’, hay una reconciliación con el rol materno, pero también una introspección sobre el deseo y la sacralización de ese rol”, analizó la autora en una entrevista.

los-abismos-9789585118508
La obra.Cortesía

En la novela, esa postura le queda clara tanto al lector como a la protagonista, pues en ellas, la madre de Claudia le repite siempre que no busca cometer los errores de la abuela, que nunca estaba en casa y que un día admite su frustración con el rol materno. “Quise explorar la imposición de la maternidad, y cómo pese a ser consentida, para las mujeres de ciertas generaciones, y también las actuales, aún puede carecer de deseo y ser un tema de presión social”, señaló.

A las generaciones anteriores les cuesta reconocer que tienen un problema y que tienen que ir al psicólogo. Eso ha provocado que los hijos hayamos cargado muchas veces con sus taras y sus frustraciones.

Lo doloroso es que, pese a las buenas intenciones de su madre, Claudia está sola, y su abandono es igual de silencioso que todas las otras dificultades que aquejan a los personajes.

La depresión es un eje vital del libro. Surge de a poco y tampoco se nombra. Se trata de un monstruo que invade la casa y que los adultos prefieren ignorar, como si al hacerlo lograran pretender que no existe.

roxana ladivar

Roxana Landívar: Versos para partirse en dos

Leer más

“En época en la que transcurre la novela, los años ochenta, todo lo relacionado a las enfermedades mentales conllevaban un estigma muy fuerte. Mi propia abuela sufría de depresión y era algo de lo que se hablaba en voz baja”, recordó.

Curiosamente, la exploración temática en los ojos de Claudia no estuvo planificada, sino que se fue imponiendo durante el proceso de escritura. “Yo quería revisar la infancia desde una Claudia adulta, pero la Claudia niña se fue imponiendo, y me dejé llevar. Finalmente, creo que fue la decisión correcta, porque con esa voz, a la par de hablar sobre la maternidad, también fui desmitificando, sin quererlo, la infancia”, dijo.