
¿Cómo funciona la traducción literaria? Larissa Bontempi lo explica
SEMANA conversó con la traductora brasileña radica en Buenos Aires acerca de los retos de cruzar la frontera entre idiomas
Con una mamá brasileña (doña Keila) y un papá argentino (don Alberto), desde siempre la vida de Larissa Bontempi ha estado marcada por ambos territorios que, más que países, son verdaderos continentes, diversos y complejos.
Crecer escuchando español y portugués, cada uno con su propia musicalidad y secretos, la llevaron en su momento a querer dedicarse profesionalmente a la traducción, deseo en el que también contribuyó el haber aprendido inglés desde joven y su innato amor por los libros.
Larissa nació justo en la frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay: en Foz de Iguazú, ciudad brasileña de no más de 300.000 habitantes que pese a ser turística y recibir viajeros todo el año, contrasta con la efervescencia de Buenos Aires, metrópolis donde vive actualmente.
Desde allí, con su castellano rioplatense herencia de su padre, atendió a SEMANA para conversar sobre uno de los roles más complejos y menos comentados del universo literario: el oficio de traductor, un arte en sí mismo que va más allá de las reglas gramaticales y sintácticas, y que tiene que ver más bien con la interpretación y las sensaciones que es capaz de evocar la palabra.
Todo traductor, pese a que tiene que respetar la voz del autor original de un texto, también debe apropiarse de dicho texto, hacerlo suyo. Una especie de doble juego.
Sí. Me intriga mucho cómo la misma obra traducida por personas diferentes puede tener resultados muy diferentes. No digo que le vayan a cambiar el final, pero cada traductor le da su matiz.
Recuerdo que un amigo guitarrista me dijo que si cinco guitarristas diferentes tocan la misma canción, pueden tocar las mismas notas, las mismas escalas, pero los cinco van a sonar distintos.
Creo que cada traductora y traductor pone su estilo de alguna forma. Eso incluso influye en el hecho de que cada 20 o 30 años se publican nuevas traducciones de libros. La traducción va muy de la mano de la época en que se hizo. Tenemos que tener traducciones a las que los lectores de hoy puedan acceder con más facilidad.
Aunque sean libros clásicos...
Aunque sea Shakespeare, tiene que tener una fluidez para el lector de cada época. Creo que cada traductor le da el matiz propio de su época. Las traducciones como que de alguna forma se agotan. Aunque tanto un lector de la década de los 60 como un lector ahora tengan la misma experiencia con el mismo libro, cada época tiene su ‘lenguaje’ y su tono.
Traducir es, al fin y al cabo, interpretar.
Y no solo interpretar en el sentido de actuar. Yo estoy actuando como si fuera la autora del libro que traduzco, pero también en el sentido de mostrar la forma en que veo el libro. Qué entiendo, qué interpreto. Intento llegar a una traducción que muestre mejor mis pensamientos o la forma en que interpreto la obra.
Tratando de mantener la fidelidad del original.
No me gusta trabajar con el concepto de ‘fidelidad’ en la traducción. No creo que haya maneras de ser fiel o infiel al texto. Vos tenés que respetar el texto, pero respetarlo no siempre es buscar equivalencias, sino buscar lo que evoque mejor el sentido de aquello que la autora o autor pretendía.
No tiene que ver necesariamente con las palabras, sino más bien con las sensaciones que genera.
No es buscar la misma palabra, o la palabra equivalente, o la oración equivalente. A veces te tenés que inventar o tenés que darle vueltas o no sé. Si causa la misma sensación que me causó en castellano, logré lo que creo que el lector va a sentir traducido al portugués.
¿Es distinto traducir textos escritos que trabajar con la palabra hablada?
Quienes trabajamos con textos tenemos también ese ejercicio de escuchar el idioma porque, muchas veces, escuchándolo entendés el tono, y el tono te dice algo acerca de una intención, de una ironía, por ejemplo.

¿Cómo traduce un texto escrito en jerga o muy coloquial? ¿Lo lleva también a jerga en portugués?
Por ejemplo en el libro ‘Fiebre de carnaval’ de Yuliana Ortiz, aparecía mucho la palabra ‘ñaña’, ‘ñaño’, para decir hermana, hermano. Nosotros en portugués tenemos ‘mana’ y ‘mano’ para decir lo mismo. En ese caso busqué palabras coloquiales en el mismo contexto.
Pero hay cosas intraducibles.
Marcas culturales muy fuertes, como las comidas, yo las pongo siempre con el nombre original. También muchas veces hay pasajes que son ambiguos, y eso pasa por la intención del autor o autora.
¿Cómo lidia con la ambigüedad?
Si siento que fue intencional, la mantengo, para que el lector en portugués también tenga esa duda, esa inquietud.
Hay que tener cuidado de tampoco descaracterizar el libro.
Yo quiero que el lector vaya al país donde se desarrolla la novela. Quiero que el lector diga, por ejemplo: “Este es un libro que viene de Ecuador, ¿qué hay allá?, ¿qué es lo que no conozco de ese país y que me puede gustar?”. Me encanta la posibilidad de llevar al lector siempre al país donde se desarrolla una novela. No al revés.

De Foz de Iguazú a ‘Baires’
Ha pasado casi toda su vida en Foz de Iguazú. ¿Por qué decidió mudarse a Buenos Aires?
En Foz de Iguazú no tendría las mismas oportunidades que tengo acá. La Argentina es un polo literario muy grande. Hay muchos talleres, clubes de lectura, eventos en torno a la literatura y la traducción.
Buenos Aires es una ciudad de muchos contrastes también.
Pasan muchas cosas. En una calle hay protestas, en otra calle hay turistas... Es una ciudad donde siempre está pasando algo, que no duerme. Tiene sus cosas buenas y malas, pero como me gusta tanto estar acá, intento siempre ver por el lado todo muy bueno.
Asimismo, vivir en una gran metrópolis puede ser abrumador.
Para quien viene de una ciudad chica es abrumador. Yo no vivo en la capital, sino en el Conurbano, así que todo me queda lejos. Tengo que tomarme no sé cuántos ómnibus, colectivos y ‘subtes’ para llegar a los lugares. Pero por otro lado, tengo oportunidades y conozco cosas y gente que no conocería en Foz de Iguazú. Por ejemplo, hacer un taller de fotografía, que es algo que no tendría en Foz...
Y que también termina sumando en su desempeño profesional.
Para mí todo es material para la traducción. Si voy a traducir un libro de una región específica, cualquier conocimiento me sirve mucho. Si conozco un fotógrafo o artista plástico ecuatoriano, me puede dar un panorama de Ecuador. Me encanta conocer los países a través de la música, por ejemplo, porque es un arte que es muy fácil de identificarse, y a todos les gusta la música. Me encanta la diversidad de cosas que se conocen a través del arte.

“El portugués de Brasil es muy distinto al de Europa”
¿Cómo es la relación entre el portugués de Brasil y el de Europa?
El portugués de Portugal es muy distinto. Tanto así que editoriales con presencia en Brasil y Portugal, tienen distintos traductores para cada país. Leo autoras y autores portugueses, y claro, se entiende porque es el mismo idioma, pero cada vez más siento que estamos caminando para decir que en Brasil hablamos el ‘brasilero’ y ellos hablan el portugués.
¿Diría que en ese sentido se empieza a abrir un abismo entre Brasil y Portugal?
Lo que pasa es que Portugal consume mucho más la cultura brasilera, que Brasil la de Portugal. Portugal consume nuestra literatura, nuestra música, nuestras novelas, nuestros programas de televisión...
¿No ocurre lo mismo en el sentido contrario?
Si vos le preguntás a un brasilero si conoce a un artista portugués, difícilmente te nombrará uno. Pero si le preguntás a un portugués qué conoce de Brasil, te va a decir muchas cosas. Creo que en ese sentido hay un abismo.
Pero mucho más del lado de Brasil que del lado de Portugal...
Portugal nos consume y nos conoce, pero en Brasil no conocemos mucho de ellos. Por lo menos en los medios que yo me muevo. Incluso hay gente que dice que ni entiende lo que dicen los portugueses.
Alguna vez vi una entrevista a Cristiano Ronaldo y me pareció muy diferente su portugués con respecto al que se habla en Brasil.
El portugués de ellos es más cerrado, tienen un vocabulario muy distinto al nuestro. No sé si porque son un país más chico, ellos tienen una cultura muy encerrada en sí misma.
El portugués de Brasil tiene otra musicalidad.
Es muy distinto, el vocabulario es distinto, cómo suena también, la entonación, el acento. Y dentro de Brasil, que es un país enorme, tenemos miles de acentos, de sur a norte.
Las sugerencias literarias y musicales de Larissa
Aprovechamos la oportunidad para pedirle a Larissa que nos sugiera libros y autoras. De su país nos recomendó ‘La pediatra’, de Andréa del Fuego (Sao Paulo, 1975).
Y de Argentina, el libro de relatos ‘Soy una tonta por quererte’ de Camila Sosa Villada (La Falda, 1982); además de ‘Las aventuras de la China Iron’, escrita por Gabriela Cabezón Cámara (San Isidro, 1968), una reversión del Martín Fierro de José Hernández, contada desde la perspectiva de la esposa de Fierro.
Y de música, la brasileña Ana Frango Elétrico (Río de Janeiro, 1997), que “me hace recordar a Rita Lee (+) y esas bandas de los 70, pero con su propio estilo e identidad”.
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