
Juan Ramírez Biedermann: “No escribo solo para Paraguay, sino para el mundo”
La 3.ª edición de la novela ‘Mango’ del escritor y músico paraguayo acaba de ser publicada por Ediciones Diotima de Argentina
La semana anterior, EXPRESIONES publicó un artículo acerca de artistas que se expresan tanto a través de la literatura como de la música.
Esta semana tenemos al narrador paraguayo Juan Ramírez Biedermann (Asunción, 1976), quien en su faceta como músico pertenece actualmente a las agrupaciones Eyesight y Coral Negro.
Él además tiene un amplio historial tras haber sido parte de Sabaoth, nombre inevitable al momento de estudiar la historia de la música extrema no solo de su país, sino de la región.
Desde estas páginas queremos acercar a nuestros lectores a artistas de países que muchas veces no son lo suficientemente explorados, pero que ofrecen una gran riqueza y diversidad.
Lo contactamos aprovechando el lanzamiento de su novela Mango en Argentina, a cargo de Ediciones Diotima, después de que en noviembre pasado el texto fue reconocido con una Mención de Honor en el Premio Nacional de Literatura 2025.
Se trata de la tercera edición, luego de que Mango fuera publicada en Paraguay por Editorial Rosalba y en Perú por Altazor, editorial que ya le había publicado sus dos primeras novelas, Fondo de nadie y Plegaria de Penumbras.
Juan nos da su punto de vista acerca de la relación entre la música y la literatura como forma de manifestarse, además de contarnos de sus proyectos pasados, presentes y futuros.
Siempre a los artistas de países pequeños en tamaño, como Ecuador y Paraguay, les resulta difícil proyectarse fuera de sus territorios.
Paraguay es un país pequeño, de menos de siete millones de habitantes, y eso hace que represente un mercado pequeño para la industria editorial. Estamos rodeados de Brasil, que es un continente, y de Argentina, que tiene más de 40 millones de habitantes. Esos dos países nos tienen como sándwich. Eso hace que la difusión de la literatura paraguaya no sea la mejor, lamentablemente.
Sin embargo, Uruguay también es pequeño...
Uruguay es más pequeño que el Paraguay, pero tiene otro tipo de gestión y de tradición y ha sabido ganarse un espacio, sobre todo en la industria cultural. El Paraguay no, el Paraguay fue un país siempre muy cerrado, muy complejo en cuanto a apertura y acceso a mercados grandes del arte.
Pero en Paraguay eso debe estar cambiando con el tiempo...
Sí. Por ejemplo, en el tema del cine, tenemos películas que compiten en el Festival de Cine de Berlín, que son presentadas en Cannes. No tantas, porque la industria no tiene recursos para producir muchas películas. Tenemos Narciso (del director paraguayo Marcelo Martinessi), que acaba de ganar (el premio Fipresci) en la Berlinale 2026.
En su caso, ¿cómo ha logrado publicar fuera de Paraguay?
Yo en la literatura seguí el ejemplo de Sabaoth, de buscar que mi trabajo no termine en Paraguay. Porque uno escribe para el mundo. Entonces, uno hace el esfuerzo, se va moviendo. La editorial Altazor, de Perú, publicó (en 2010) mi primera novela, El fondo de nadie, y me dijeron: “¿Te animabas a presentar el libro?”. Hice el esfuerzo, pasé 20 días recorriendo 5.000 km presentando el libro 18 o 19 veces en distintas ciudades de Perú.
La autogestión es muy válida.
Si vienes de un país pequeño y con poca visibilidad, tienes que hacer no un doble o triple esfuerzo, sino hasta un quíntuple esfuerzo.
Después se cosecha el resultado de ese esfuerzo.
De a poquito va rindiendo frutos, se abren puertas. Fue lo que ocurrió con la editorial argentina: estuvieron abiertos a leer Mango y les encantó. Es un trabajo de persistencia, de mucho sacrificio, pero si uno está convencido de lo que hace y tiene vocación, no queda otra.
El año pasado, Mango fue reconocida en su país.
Recibió mención especial en el Premio Nacional de Literatura del Paraguay, que sería el más importante de mi país. Ahora aparece en la escena argentina gracias a Diotima. Estoy a punto de cerrar una cuarta edición en otro país, ojalá se dé este año. Y sería genial publicar en Ecuador.

Asunción, en el mapa del underground mundial
Gracias a toda la información que existe ahora, el metal latinoamericano extremo ha sido reivindicado a nivel mundial en los últimos años.
Sí. Nosotros a fines de los 80, en los 90, teníamos un circuito de correspondencia, una red de ‘tape trading’ (intercambio de ‘casets’ por correo postal). Eso nos permitía acceder a fanzines, a gente que coleccionaba música underground, principalmente de Europa, y allá siempre estuvieron muy interesados en Sudamérica.
Un respeto ganado a pulso.
A comienzos de los 90 intercambiábamos cartas, por ejemplo, con la gente de Emperor (de Noruega), que en aquel entonces se llamaba Thou Shalt Suffer; y muchas bandas del black metal cuando aún no surgían o estaban en camino a surgir. Gente de Mayhem, (Kristian) Vikernes de Burzum y más.
En entrevista con Marko Laiho, de Beherith, una de las primeras bandas extremas de Finlandia, él le confesó a EXPRESIONES su devoción por el metal brasileño.
Nuestra pieza fundamental para intercambios con ‘tape traders’ de Europa era Sarcófago. Todo el mundo te lo pedía y a cambio recibíamos material nuevito. Recuerdo que llegó la primera edición del disco de Merciless, The Awakening, del sello (noruego) Deathlike Silence, de Euronymous (+); o Worship Him, el primero de Samael, de Osmose (sello francés).
Más importante que el dinero, era tener contactos, para acceder a esa música.
Yo conservo hasta ahora el primer disco de Burzum (autotitulado, de 1992), la edición limitada de la Deathlike Silence. Ese disco cada vez está más caro. Ahora creo que se vende en 3.500 euros o una cosa así.
¿Cómo era grabar con las limitaciones de la época?
En el Paraguay los primeros demos profesionales los lanzamos nosotros, Sabaoth, además de la banda de grindcore Disincarnated. Dimos un poquito el puntapié inicial a ese proceso de profesionalización de la música extrema. Había muy pocos lugares para tocar, muy pocos recursos. Pero éramos chicos de 17, 18 años, con toda la energía del mundo
Igual con la difusión.
Estamos hablando de una época pre-internet. Había que ir todos los días al correo cargado de sobres, cajas, estampillas.
Eso motivó a otras bandas.
Asumo que Sabaoth fue clave en la escena paraguaya para ayudar a potenciarla. El primer disco de metal en el país fue de Corrosión, de thrash metal, y poquito después Sabaoth sacó su disco. En un par de años hicimos dos demos que tuvieron mucha difusión. Eso ayudó a que nuestro primer disco lo lance un sello argentino (Stormsouls), que nos dio más visibilidad. La escena argentina es mucho más grande que la paraguaya.
Sabaoth ya se había ganado un nombre gracias al intercambio de cintas.
Al propio sello le impresionó nuestra dedicación a la distribución del material.
Ese disco debut lo presentaron en Buenos Aires.
Prácticamente el primer show que dimos después de lanzar el disco fue en Buenos Aires con Sarcófago, dos noches, en 1996. Mucha gente vio la impronta que dejaba Sabaoth con su esfuerzo. Y nosotros hicimos eso viendo lo que hacían bandas internacionales. Veíamos cómo trabajaban y decíamos: “Tenemos que hacer lo nuestro con lo que hay y con lo que no hay también”.
El cariño hacia Sabaoth se mantiene.
Incluso ahora, todas las semanas, por no decir todos los días, hay gente que nos escribe en redes.
Nuevo proyecto y sugerencias
Luego de Mango, ¿ha trabajado en un nuevo texto?
Sí, una novela. Por primera vez estoy empezando a tocar temas relacionados con el black metal. Muchos amigos me decían que tenía que contar la historia del black metal, de todo el contacto que nosotros teníamos en aquel entonces, en tiempo real, cuando allá en el norte (de Europa), sobre todo en Noruega, ocurrían todos los sucesos (iglesias quemadas, músicos involucrados en asesinatos).
Hay un material interesantísimo ahí.
Sí, esta novela por primera vez aborda eso y me está generando muchísimo entusiasmo. Voy súper bien. Soy un poco lento para escribir, creería que este libro va a estar terminado en tres, cuatro años.
¿Qué editoriales y escritores de la escena paraguaya nos podría recomendar?
Recomendaría leer a Rolando Duarte Mussi, Cave Ogdon, Montserrat Álvarez, Christian Kent, Damián Cabrera, Javier Viveros, José Pérez Reyes, Mónica Bustos, entre otros. En cuanto a editoriales, acudan, por ejemplo, a Rosalba, Arandura, Ediciones de la Ura, Aike Biene...
¿Y qué bandas de la escena paraguaya extrema nos podría sugerir?
Todos ustedes están obligados a escuchar Coral Negro, un desatino y atropello de grindcore, doom, stoner rock, drone, entre otros. Asimismo, Kuazar, Verthebral, Sadistic Art, Wisdom, NOD 206 están haciendo cosas muy importantes.
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