ENTREVISTA SOFIA PLON (16072309)
Sofía Plonsky lleva doce años trabajando como doula de fin de vida, labor enfocada a acompañar a familias y a personas con un diagnóstico terminal en su etapa de transición.Leonardo Velasco Palomeque

Sofía Plonsky: acompañar el duelo para comprender la vida y la muerte

La experta habla sobre su labor como doula de fin de vida y sobre la importancia de repensar la pérdida

La primera persona a la que acompañó en la muerte fue su padre. Sofía Plonsky estaba terminando su formación como doula de fin de vida cuando el cáncer de colon que lo aquejaba avanzó de manera inesperada. En medio del dolor, dice, pudo reconocer lo que estaba ocurriendo. “Siempre digo que mi padre fue mi mayor maestro, aún en su muerte, porque, como entendía lo que estaba pasando, fue una muerte absolutamente amorosa y acompañada. Todo lo que se hizo fue lo que él quiso”, recuerda.

Aquella experiencia le dejó una certeza: “Sentir y ver su muerte junto a toda la familia, de la manera en que él lo quería, me hizo entender que esa era una buena muerte. No significó que no doliera, pero fue diferente, estuvo llena de ternura”.

Años antes, su vida parecía ir por otro camino. Era hotelera, gerente general de una empresa, y atravesaba un momento estable en lo personal y profesional. Todo cambió durante una formación de coaching, en México, cuando una pregunta la dejó en blanco: cuál era su propósito de vida. “No pude contestar, y el mundo se me vino encima, porque no sentía que tenía un propósito”, señala.

La enfermedad de su padre llegó después, y con ella una búsqueda. Encontró herramientas para acompañar el duelo, leyó a la pionera Elisabeth Kübler-Ross y, finalmente, decidió formarse como doula de fin de vida. “No tenía idea de qué iba a encontrar. No soy médico, no soy enfermera, pero aun así quería aprender”, cuenta.

Desde entonces, su trabajo ha sido abrir espacios de acompañamiento en un terreno que muchas veces se evita. También fue voluntaria durante casi siete años en el Hospice San Camilo (Quito), donde pudo ver de cerca el proceso de enfermedad y muerte de pacientes y familias, y acompañarlos en esa transición.

Parte de su trabajo también ha sido cuestionar los mitos que rodean a la muerte. El tabú principal, añade, está relacionado con cómo la evolución tecnológica ha transformado la forma en que las sociedades enfrentan la pérdida. “Durante siglos, el parto y la muerte se vivían en casa, en familia, en comunidad. La evolución hacia lo tecnológico transformó ambos procesos en eventos médicos, cuando son naturales, biológicos. Eso ha logrado que la gente le tema a la muerte, que no sepa cómo enfrentarla o acompañarla”, explica.

Para Plonsky, ese miedo está atravesado por el desconocimiento y por un lenguaje que asocia la muerte con la derrota. “Mientras más conscientes estamos de que somos seres vulnerables y temporales, la enfrentamos mejor. A mayor conciencia de muerte, mayor plenitud de vida”, dice. También señala otro mandato frecuente: la idea de ‘ser fuerte’. “En estos procesos se vale llorar. La gente te dice ‘no llores’, ‘sé fuerte’ y entonces uno se esconde. Son procesos súper solitarios”.

ENTREVISTA SOFIA PLON (16072307)
Usa herramientas como juegos de mesa y reflexiones para desarrollar convversaciones difíciles entre los pacientes y sus familias.Leonardo Velasco Palomeque

Un camino integral

Como doula, su trabajo comienza con una conversación. Puede acompañar desde el momento del diagnóstico hasta el duelo, o intervenir en los últimos días -e incluso horas- de vida. “Lo primero que hago es tratar de entender el entorno del paciente: por qué me necesitan, cómo me necesitan. Y luego explicar lo que hago. Yo no soy nadie para decirle qué hacer a la familia, mi trabajo es acompañar”, explica.

Ese acompañamiento también implica abrir conversaciones que, muchas veces, se evitan. La experta trabaja con las familias a través de ejercicios y dinámicas que permiten hablar de la muerte sin solemnidad ni miedo. La idea es que las personas puedan expresar sus deseos: dónde quieren morir, cómo quieren ser acompañadas, qué asuntos quieren dejar resueltos, y que las familias expresen sus preocupaciones. “Casi nadie habla de eso. Y hacerlo hace toda la diferencia del mundo”, dice.

ENTREVISTA SOFIA PLON (16072312)
"Hay que aprender a hablar sobre la muerte. A mayor conciencia de la muerte, se puede tener mayor plenitud de vida", señala.Leonardo Velasco Palomeque

Un caso emblemático

Su trabajo ganó visibilidad cuando acompañó a Paola Roldán, una mujer ecuatoriana diagnosticada con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa que afecta progresivamente las funciones motoras. Su caso se volvió emblemático en el país luego de que presentara una demanda para despenalizar la eutanasia, lo que abrió un amplio debate público sobre el derecho a una muerte digna. Falleció en marzo de 2024.

No obstante, Plonsky insiste en que su rol no estaba ligado a una postura, aunque desde el inicio supo que habría repercusiones entre quienes no estaban de acuerdo con la decisión de Roldán. “Desde el inicio sabía que iban a haber críticas. Y sí las hubo. Mucha gente me escribía cuestionándome cómo podía ser parte del proceso. Pero yo siempre he explicado que no acompañé el proceso de eutanasia, sino su proceso de enfermedad y de muerte, como quiera que esa muerte llegara… Mis puntos de vista no importan”, afirma.

Fueron ocho meses de trabajo cercano. “Ella me cambió la vida”, señala.

Mirar hacia el futuro

Cuando empezó su trabajo, hace doce años, recuerda que había mucha confusión sobre lo que hacía. “La gente creía que era una médium”, dice entre risas. Con el tiempo, sin embargo, esa percepción ha ido cambiando. En los últimos años, una creciente curiosidad ha hecho que cada vez más personas se acerquen no solo para recibir acompañamiento, sino también para formarse y comprender mejor estos procesos.

Hoy también educa a nuevas doulas en la región. En los últimos años ha trabajado con estudiantes de Ecuador, Colombia, Chile, Argentina, México, Costa Rica y España. La capacitación, explica, no solo transmite herramientas, sino que también se adapta a los contextos culturales de América Latina, donde las prácticas, creencias y rituales en torno a la muerte tienen un peso particular. “Los latinos somos mucho más ritualísticos, tenemos saberes ancestrales… poder adaptar lo que hacemos a nuestra región hace la diferencia”, señala.

Hablar de la muerte, insiste, no es un ejercicio oscuro o lúgubre, sino una forma de tomar decisiones en vida sobre una etapa inevitable y, con ello, recuperar la posibilidad de elegir cómo queremos vivir y también cómo queremos morir.

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