
Sebastián Carrasco: reinventarse para regresar a la montaña
Tras un accidente que cambió su vida, el deportista superó numerosos desafíos para retomar su carrera
En el Parque Nacional de Yosemite, frente al monolito de El Capitán, Sebastián ‘Zuko’ Carrasco repite un movimiento mínimo, atravesado por el cansancio y el mal de altura: jalar una barra, avanzar unos centímetros, detenerse y volver a empezar. Durante un día entero, suspendido a cientos de metros del suelo por un sistema de poleas, la progresión es lenta, casi imperceptible, y la duda aparece. “Parecía imposible. Cada vez que yo jalaba, la barra subía máximo 10 centímetros… tuve que hacer miles y miles de barras, y me empecé a descompensar”, recuerda.
Hubo un momento en que pensó en detenerse, en “tirar la toalla”. Pero no lo hizo. Recuperó la compostura y volvió, mentalmente, a otro punto de quiebre: el instante en que tuvo que enfrentarse al mayor reto de su vida.
Hasta antes del 8 de agosto de 2015, Carrasco era guía de alta montaña y capacitador en seguridad industrial en alturas. Un accidente cambió ese rumbo y lo dejó en silla de ruedas. Desde entonces, su vida entró en un proceso de reconstrucción paulatina.
Ese tránsito no fue inmediato. Carrasco lo describe como un periodo atravesado por la frustración y la necesidad de redefinirse.
“Salir de mi rol de víctima no fue fácil. Me deprimía tener que depender de alguien más, incluso para mis necesidades más básicas. No veía una salida. Pero entender que, para volver a ser protagonista de mi vida, tenía que pedir ayuda fue un aprendizaje que me ayudó a salir adelante”, cuenta.
Empezar de nuevo
Con el paso del tiempo, la rehabilitación y el impulso de su familia y sus amigos, Sebastián comenzó a reinventarse. Exploró las posibilidades deportivas dentro de su nueva condición y buscó otras formas de regresar a las montañas. “Es algo que heredé de mis papás, a ellos siempre les gustó el montañismo, es algo que llevo en la sangre, y volver para mí era una necesidad”, dice.
En 2019 alcanzó la cumbre del Kilimanjaro en una bicicleta de mano. Luego vinieron otros desafíos: el ascenso al Cayambe, donde llegó hasta los 5.600 metros, y el descenso en parapente desde la montaña. Cada expedición implicó adaptar equipos, diseñar soluciones y sostener un trabajo colectivo constante. “No quería que me subieran cargando como rey. También tenía que aportar”, explica. Esa decisión marcó su forma de hacer deporte: construir junto a otros, parra alcanzar el objetivo.
El trabajo en equipo atraviesa toda su trayectoria. Amigos, guías y especialistas han sido parte de cada travesía, no solo como soporte técnico, sino como una red cercana que acompaña el proceso. “Mis amigos nunca me han abandonado… con ellos hacemos más que escalar montañas. Vivimos juntos, aprendemos, jugamos”. En esa experiencia compartida, el esfuerzo adquiere otro sentido. “Hemos tenido que innovar, crear nuevos sistemas, nuevas tecnologías para poder seguir escalando juntos, y siempre han estado dispuestos a crear conmigo”, añade.

Aceptar nuevos desafíos
El ascenso a El Capitán se ha convertido en uno de los retos más demandantes de los últimos años para Carrasco, no solo por la exigencia técnica, sino por el desgaste emocional, físico y psicológico que implicó. Durante siete días, colgado en la pared, enfrentó el cansancio, la altura y la repetición constante de un esfuerzo mínimo que parecía no avanzar. Aun así, una vez superado, no hubo espacio para la duda. La experiencia, lejos de marcar un límite, reafirmó su decisión de seguir buscando nuevos desafíos.
El siguiente ya está en marcha. Carrasco proyecta una expedición de varios meses por Sudamérica, en la que recorrerá distintos territorios a bordo de una van adaptada. “Va a haber muchas etapas en las que voy a estar solo… pero mi idea es ir a las montañas que siempre he querido conocer”, explica. El itinerario contempla competencias de mountain bike en Perú, Chile y la Patagonia, así como ascensos y travesías. A esto se suma un componente adicional: evaluar qué tan accesibles son estos destinos para personas con discapacidad.
La preparación para ese viaje convive con competencias locales y una rutina sumamente exigente. Entrenamientos de varias horas en handbike, ejercicios de fortalecimiento del tren superior y una adaptación constante marcan su día a día. Cada sesión responde a una lógica de exploración: ajustar el cuerpo, el equipo y la estrategia para sostener nuevos retos.
“Mi discapacidad no me define. Lo que me define es lo que hago con ella”, dice.
Hablar de lo que duele
Fuera de la montaña, Carrasco ha construido otro espacio: el de compartir su experiencia públicamente, a través de un documental, charlas y redes sociales. “Ha sido muy gratificante recibir mensajes de personas que están pasando situaciones difíciles y que me agradecen por contar mi historia. Me piden consejo… y siento esa responsabilidad”, cuenta. La respuesta, dice, está en mostrarse sin filtros. “El poder abrirme, mostrarme vulnerable, hace que la gente tenga confianza para compartir su experiencia”.
Recientemente participó junto a Karla Sarmiento en Frente al espejo, un espacio íntimo que le permitió compartir su vida y sus retos con los asistentes. La propuesta volverá a presentarse el 29 de abril en el Teatro Patio de Comedias, en Quito.
Reconoce que exponer los momentos más personales de su historia todavía le genera nervios, pero lo asume como parte de esta etapa. “Mi nuevo pacto con la vida es no guardarme un ‘te quiero’, no guardarme un abrazo… porque nunca sabemos lo que va a pasar mañana”.
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