Cultura

Augusto Rodríguez: “La familia tradicional se extinguió”

El poeta guayaquileño conversa sobre su primera novela, 'El fin de la familia'.

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Rodríguez es escritor, catedrático y actualmente cursa su doctorado el Literatura Hispanoamericana.Cortesía

De los versos a la narrativa. ‘El fin de la familia’, primera novela del poeta guayaquileño Augusto Rodríguez, tiene como eje la decadencia de un barrio y de una generación. La obra, que fue finalista del premio Herralde, se lanzó a fines del año pasado y es tan solo el inicio de una serie de relatos sobre Urdesa, que alista para 2020. En esta edición de Kiosco de Libros, el autor ahonda en su obra. Lee aquí el primer capítulo.

‘El fin de la familia’ es tu primera novela, y de paso, es una obra muy íntima que se desarrolla en el barrio donde creciente. ¿Por qué empezar por ahí tu proceso narrativo?

Me interesaba contar lo que sucedía al interior de una familia de clase media típica, una familia de Urdesa, y por otro lado me interesaba contar lo que sucedía en el exterior, en ese barrio. Urdesa se ha ido transformando de un lugar que era cálido y familiar, a un sitio frío, comercial, lleno de vitrinas. La imagen del barrio que tengo de niño era una de mucha gente, de amigos, de familias, de ir de una casa a otra, pero ahora la mayoría de la gente se ha mudado. Hoy Urdesa es un barrio de abuelitos, donde hijos y nietos solo esperan que estos que fallezcan para vender la casa y que esta se convierta en una ferretería más, en un banco más. Ese deterioro va de la mano de los deterioros que existen dentro de las familias.

Se dice que la primera novela de un autor siempre es autobiográfica. ¿Cuánto de ti hay en ‘El fin de la familia?

Quien diga que una novela es totalmente ficcional, miente. Eso no existe. Hay muchas cosas del autor, cosas que escuchas, que ve, que se cuelan en la escritura. En mi caso hay muchas cosas íntimas ahí, ciertos personajes también. A veces me alejo de la mirada del niño y cuento desde el yo.

La obra es narrada de manera fragmentaria. ¿Por qué apostar por este estilo, sobre todo en una novela tan breve?

Quería que este libro se pudiera leer rápido y que provoque emociones en el lector, que se convierte en una conversación entre el escritor y el lector. Por eso la novela empieza con un álbum fotográfico, y salta de personaje en personaje, como quien va pasando las páginas de un álbum. Siento que eso le da cierto dinamismo a la historia.

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El autor posa en el exterior de la casa de sus abuelos, que hoy es una mueblería.Cortesía

Por lo general, cuando los poetas experimentan con la narrativa, siempre mantienen una voz poética muy fuerte, sobre todo en la construcción de imágenes. Es algo que no encuentro en esta novela…

Fue intencional. Podrá haber quizás una construcción poética en ciertos fragmentos, pero quería contarlo de la manera más directa, sencilla y fácil de comprender. En esta obra, pensé mucho en el lector, en alguien que no lee con frecuencia, y quería que lo pudiera comprender. Siento que los poetas, cuando escriben narrativa, conservan mucho el yo, el ego, y no quería transmitir eso en esta historia, ni que fuera pesada. Quería que tuviera un ritmo, una suavidad.

La familia en esta historia es algo que elude, que se desmorona y que desgarra. ¿Es la familia un sitio donde se vive el horror?

Es lo que suele suceder. La familia debería ser nido, hogar, pero por lo general es el sitio donde uno siente los primeros dolores. Y creo que justo por eso, es fácil identificarse con la historia. En el proceso de escritura, estuve escuchando recuerdos familiares de mucha gente, y creo los problemas, las luchas por la herencia, el abandono, son universales, porque vivimos en una época donde se ha acabado la familia. La familia tradicional se extinguió. Nuestra sociedad está viviendo otro tipo de familias. De gente que vive junta y no tiene hijos, de amigos que se convierten en la verdadera familia. Eso le pasa a la gran mayoría de personas. Esas familias de padres con hijos como modelo central no volverán, como tampoco volverá a existir la Urdesa que yo recuerdo.

En el último año y medio me he encontrado con novelas de autores nacionales que desbaratan las instituciones de las que antes no se hablaba: el matrimonio, la familia, la maternidad. ¿Se ha perdido el miedo?

Creo que la literatura ecuatoriana está viviendo un despertar que le hacía falta. Vemos una generación increíble, muy diversa y muy potente en lo que quiere contar. Hoy se escribe y se habla sobre temas que antes eran tabú. La literatura ecuatoriana siempre fue muy marginal, hablaba de lo lumpen, de lo periférico. Pero faltaban otras miradas. No se hablaba de la clase media empobrecida, de la clase alta, de la familia, del matrimonio. Y sí siento que ahora se ha perdido el miedo, y que estas historias y este giro en la literatura lo han encabezado escritoras talentosísimas.

¿En qué estás trabajando ahora?

Voy a continuar escribiendo sobre Urdesa, que es un tema que siento que me falta por explorar, y al momento estoy trabajando en una novela sobre el pintor ecuatoriano George Febres, quien fue muy importante para las artes visuales en Nueva Orleans y del que poco se sabe en el país.