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Misterios sin resolver: nuevos casos, pocos misterios

Es que es un producto interesante, que toma el nombre de la serie original pero que en esencia, guarda cierta distancia en la mayoría de sus episodios

misterios sin resolver
Misterios sin resolver de Netflix nos muestra el desarrollo de episodios en periodos largos de 45 minutos.Facebook/netflix

Cualquier niño de los 80’s y 90’s tiene en su cabeza grabada la tenebrosa canción de la icónica serie Misterios sin resolver. La voz en off de Robert Stark, la paleta de colores lúgubre, el tono nublado de las dramatizaciones y el inconfundible “si usted tiene información que ayude a resolver este caso no dude en contactarse con su departamento de policía local”. 

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Este combo tétrico seguramente se llevó algunas noches en vela. En mi caso particular, luego de ver algún episodio de la serie, me tenía que armar de un valor inusual para ir tan solo a tomar agua en la cocina de casa. Es cierto, nos asustaba, pero había algo más que nos envolvía en una nube mística alrededor de esta serie y que nos llamaba a ver más.

Por eso, cuando Netflix nos asaltó a quemarropa con un reboot de Misterios sin resolver, un golpazo de nostalgia y emoción me llenó. La realidad es que es un producto interesante, que toma el nombre de la serie original pero que en esencia, guarda cierta distancia en la mayoría de sus episodios.

Aquí hay muchos casos dramáticos, impactantes e interesantes también. Pero de esos misterios que nos estremecían la piel y que nos regresaban en sueños, o más bien pesadillas, hay muy pocos. Cierto es que este servidor está grandecito ya y no se puede comparar con el niño que vio Misterios sin resolver hace cerca de 30 años, pero no es menos cierto que la “magia” de la serie original radicaba en lo inverosímiles de sus historias, en aquella “realidad tétrica” que aún cuando la veíamos en una pantalla de televisión pensábamos que podría ser veraz ya que el programa siempre se manejó en tono de documental.

Entonces, ¿es mala la nueva serie de Misterios sin resolver? No, no lo es. Es un producto bien logrado, una “docu-serie” con gran calidad de producción. Con un guión estructurado que lleva al espectador orgánicamente a trazarse una hoja de ruta en su cabeza para ir armando el rompecabezas propuesto. Los testimonios capturan el sentir y palpitar de los protagonistas, sus lágrimas se sienten reales, sus motivaciones y pasiones también. Pero hay una marcada diferencia con respecto a la serie original en cuanto aquí ya se nos deja intuir quienes serían los posibles culpables, cuál sería el motivo de los protagonistas, cómo podría terminar de resolverse el caso en particular. 

En muchos episodios se nos deja saber que alguno de los involucrados no quiso ser entrevistado derribándonos por completo el misterio y arrastrándonos a una obvia deducción. Aquello es algo que desmitifica el misterio, lo aterriza a nuestro entender, lo convierte en un drama más, bien logrado, pero que no alcanza la denominación de “misterio”.

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Misterios sin resolver de Netflix nos muestra el desarrollo de episodios en periodos largos de 45 minutos, en esto también se distancia de la serie original en donde nos mostraban hasta 4 casos por cada episodio. Aquello sumado a lo mucho que extrañamos a Robert Stark (hasta la voz en el doblaje latino de Alberto Pedret era maravillosamente tétrica), nos deja un producto interesante al que le falta mucho evolucionar para convertirse en una verdadera “nueva versión”. Sin embargo, y únicamente por aquel maravilloso episodio titulado 'El Ovni de Berkshire', estaré esperando una nueva temporada. ¿Quién sabe? quizá nuevamente tenga que aguantarme las ganas de tomar agua por el miedo a bajar a la cocina.