Guayaquil

“En mi pecho late el corazón de mi hijo”

Denny Mendoza recibió hace diez años un trasplante en Guayaquil. “Hoy llevo dentro de mí un corazón de oro, el de Marcelo”, cuenta.

Corazón
Denny Mendoza le repite siempre a su esposa Flor, que en su pecho late "un corazón de oro"Cynthia Flores

Cuando Denny Mendoza siente que flaquea, se toca el lado izquierdo de su pecho como buscando ese incentivo que necesita para seguir. “Mijo, aquí estamos, ¡vamos para adelante!”, dice mientras se da un par de palmadas a la altura del corazón y vuelve a ponerse en pie. Allí, en cada latido, siente a su hijo Marcelo. Sigue con él, aunque no como en la época en que lo llamaba a diario o lo visitaba cada fin de semana.

Hoy Denny, de 70 años, tiene el corazón de su hijo. Es como una historia sacada de una película, reconoce su familia cuando recuerda los episodios que ocurrieron en 2009.

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Su paciente de 95 años estaba nerviosa por la cirugía y él le puso a Celia Cruz

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Para Denny, su historia se resume en que hoy en su pecho late un “corazón de oro”. Es el de Marcelo, el menor de sus tres hijos, un hombre fornido, que medía 1,78 y que era generoso, alegre y preocupado siempre por su familia.

Su hijo le dio un regalo de vida, uno inesperado y que le saca lágrimas muchas veces. Sabe que en medio de todo el dolor, allí hubo una gran lección de amor.

Por esos días, este “manabita berraco” como le llaman los médicos, estuvo en la Clínica Kennedy, en Guayaquil, internado con una afección en su salud, pero volvió a levantarse con ese ánimo que encuentra cada vez que toca su pecho.

Fue en esa clínica en la que hace diez años recibió el trasplante que hoy lo mantiene vivo. Llegó allí sin planificarlo. Días antes, en Manabí y luego de pasar un largo periodo de ahogos, agotamientos y chequeos, el médico le dijo que tenía una cardiomiopatía dilatada y que su tiempo se agotaba.

Su salvación sería conseguir un corazón, lo que sonaba impensable. Lo único que quedaba entonces era volver a casa con un tanque de oxígeno y esperar lo que parecía inevitable.

Por esa época, su hijo Marcelo laboraba en Guayaquil. Flor Mendoza, esposa de Denny, lo llamó desesperada para contarle lo que ocurría y pedirle que fuera a ver a su padre. Este joven, de 33 años, viajó de inmediato a Portoviejo, pero enseguida retornó a Guayaquil para pedir permiso en su trabajo. Sus compañeros recuerdan que cuando les contó lo que pasaba, en esos momentos de desesperación, el joven se golpeó el pecho y dijo angustiado: ¡qué no daría yo por darle mi corazón a mi padre!

Después de eso, Flor no supo nada del hijo de su esposo. No llamó, lo cual era muy extraño porque nunca dejaba de comunicarse. Al día siguiente, una llamada la dejó sin respiro: Necesito que estés tranquila, mi hermano fue asaltado y lo descerebraron, le dijeron desde el otro lado.

Los ojos de Flor y de Denny se humedecen al recordar ese momento. Fueron días en que ocurrió lo impensable. Los hermanos de Marcelo, que vivían en Estados Unidos, decidieron que si su padre necesitaba un corazón, qué mejor que fuera el de su hijo. Denny, golpeado por la noticia, pero tan medicado que casi no podía asimilar lo que ocurría, viajó en un taxi a Guayaquil. “Le dieron una pastillita para que resistiera porque era posible que en el camino sufriera de un infarto”, recuerda su esposa.

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Denny recuerda lo duro que fue saber que su hijo había sufrido muerte cerebral.Cynthia Flores

Llegó a la Clínica Kennedy, donde estaba todo listo para el trasplante. El Seguro Social cubriría los costos. El cuerpo del joven, con muerte cerebral, había sido trasladado también hasta allí desde el hospital Teodoro Maldonado Carbo.

Empezó así la cirugía, que duró cerca de dos horas y que terminó con el corazón de Marcelo en el pecho de su padre. Hubo momentos en que la familia llegó a pensar que Denny no viviría mucho, pero ya lleva diez años y sigue avanzando.

Esperan que como él otras personas tengan la oportunidad de seguir (la mayoría de los trasplantados en el país han vivido solo un par de años). Saben que aunque hay nuevos centros acreditados para estas cirugías, faltan corazones. Denny, quien tiene el de su hijo, reconoce que a veces se quiebra. Dice que le hace falta verlo, escucharlo..., pero se vuelve a dar ánimos cuando se toca el pecho y dice: “pero tengo una parte de él conmigo”.

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Marcelo fue el donante de su padre. Sufrió muerte cerebral tras ser asaltado.Cortesía

LAS CIRUGÍAS

En Ecuador se realizaron el año pasado 677 trasplantes. La mayoría de córneas y renales. Los últimos trasplantes cardiacos registrados datan del 2011; fueron 2.

Hace 25 años, el primer caso de éxito en el país

El caso de Carlos Alberto Moncada pasó a formar parte de la historia de la medicina ecuatoriana. Era 1994, estaba casado, tenía 3 hijos y sufría de una cardiomiopatía dilatada con insuficiencia aórtica, lo que dilataba su corazón haciéndolo grueso e inoperante. Fue el primer trasplante cardiaco exitoso que se registra en el país y se hizo en Guayaquil el 17 de mayo a este paciente de 34 años. El donante fue un joven de 23 años, quien después de sufrir un accidente de tránsito fue diagnosticado con muerte cerebral. El procedimiento lo ejecutó el doctor Édgar Lama junto a sus colegas Eduardo Abril y Eduardo Roura (fallecido), en la Clínica Kennedy. Años después falleció.

LOS ESPECIALISTAS

Édgar Lama, cirujano cardiovascular

La primera persona que hizo un trasplante cardiaco fui yo, en 1994. Desde allí en la Clínica Kennedy realizamos once. El caso de Denny Mendoza, que recibió el corazón de su hijo, también lo manejamos. Al igual que él tuvimos otro paciente que vivió diez años con un corazón trasplantado. Los demás han llegado al año y medio o dos, pero porque ya lo manejaron en el Seguro Social y tuvieron problemas con la medicación. Casi desde la época de Denny no se han hecho más intervenciones de este tipo. Lo más complicado para los trasplantes es conseguir el corazón.

Roberto Gilbert, cirujano cardiovascular

La Clínica Guayaquil está acreditada para el trasplante de corazón. Tenemos un helipuerto y un helicóptero para retirar los órganos. Estamos ajustando detalles acerca de la medicina que se va a necesitar porque es vox populi que en la Seguridad Social no hay ni siquiera para hemodiálisis. Estamos dialogando con una empresa extranjera para que nos provea de medicina antirrechazo porque uno de los problemas es que después ese paciente no tiene la medicina que debe tomar de por vida. En mi carrera he realizado cuatro trasplantes y hay un equipo listo para esta nueva etapa.

Eduardo Abril, cirujano cardiovascular

En el hospital Luis Vernaza, de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, recibimos hace poco la acreditación para los trasplantes cardiacos. Es un programa en el que participa un equipo multidisciplinario y que esperamos que inicie en estos meses. Hay pacientes en lista de espera de hace mucho tiempo y la distribución de órganos la maneja el Indot (Instituto Nacional de Donación y Trasplante de Órganos, Células y Tejidos). Hace algunos años participé en trasplantes en la Clínica Kennedy, dirigidos por el doctor Édgar Lama. Desde ese entonces hasta ahora, la legislación ha cambiado.