Francisco de Orellana
En Guayaquil piden que los limpiaparabrisas tengan chalecos para identificarlos y que haya orden.Archivo

Lima prohíbe limpiadores de parabrisas tras homicidio, ¿funcionaría en Guayaquil?

Los guayaquileños hacen un llamado a que la medida sea adoptada. Denuncian ser víctima de insultos y amenazas por parte de algunos limpiaparabrisas

Lo sucedido en Lima (Perú) con un limpiaparabrisas, ha levantado las alarmas en Guayaquil, teniendo en cuenta que en los semáforos de las principales avenidas precisamente hay personas que realizan esa actividad y que no siempre “son amables”.

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En la capital del país vecino a Ecuador, como se ha viralizado en la región, un taxista, por negarse a darle dinero a un hombre que quiso limpiarle el parabrisas, fue asesinado. Gian Marco Caro Núñez, la víctima, era taxista y se encontraba en plena vía cuando un ciudadano de nacionalidad venezolana se lanzó a limpiarle el vidrio aun cuando Gian Marco se había negado a que lo haga. A causa de ello y tras una breve pelea, el agresor, de 22 años, lo atacó en el pecho con una tijera. Caro Núñez murió. Y a raíz de ello, desde este 10 de abril, el distrito de Santiago de Surco, de Lima Metropolitana, prohibirá que en las calles se realice la actividad de limpiaparabrisas.

El alcalde Carlos Bruce emitió el decreto donde se establece una multa de $ 463.65 a quien realice la actividad comercial sin autorización municipal y otra de $ 131,57 al conductor que lo permita.

Este escenario, aunque se ha dado a 1.465 kilómetros de distancia del Puerto Principal, preocupa a ciudadanos como Wladimir Ortega y Nelly Rendón, ambos habitantes del norte de la ciudad, que hacen un llamado a que las autoridades de Guayaquil analicen la posibilidad de plantear la misma sanción.

“Con tanta violencia que hay a nuestro alrededor, eso es lo mínimo que pudiera pasarnos. En la calle hay gente buena, sí, pero también gente muy mala. En plena Víctor Emilio Estrada y en la Juan Tanca Marengo, por ejemplo, me han escupido el auto y me lo han golpeado cuando me he negado a que me lo limpien los vidrios. Por seguridad, veo que se me acercan y los limpio yo misma para evitar mayor contacto. Tengo miedo, es la verdad. Actúo así por temor. ¿Y qué he recibido a cambio? Esas acciones, que sí me han puesto mal. Me han asustado más. Por eso quisiera que desde ya se planteé la medida. Deberían prohibir la acción, pero hacerlo ya”, señala Rendón, de 54 años.

Ortega ha sido víctima de situaciones similares y en una ocasión, hace menos de dos meses, advierte, fue un adolescente el que le escupió su camioneta. Sucedió en la avenida de Las Américas y le dio tanta rabia que se bajó a perseguirlo. “Quise agarrarlo y llevarlo con las autoridades. Dejé el carro hasta prendido. Me cegó el coraje porque pudieron hasta robármelo. Paré porque hubo otros vendedores informales que me pidieron que regrese al carro, que todo podía ser parte de una estrategia. Pero no merecemos vivir así. No es justo y lo que pasó en Lima, claro que puede pasar acá. Por supuesto”, indica.

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Para la ciudadanía, este riesgo está latente desde antes de la pandemia que los semáforos empezaron a llenarse de comerciantes informales. Hubo quienes, como ha venido publicando EXPRESO, que son delincuentes camuflados de vendedores. En la Francisco de Orellana, una de las vías más congestionadas de la ciudad y donde los controles son escasos, como lo corroboró asimismo este Diario, la ciudadanía exige monitoreos inmediatos.

Cerca de la Kennedy, las distintas etapas de la Alborada, Samanes y Las Orquídeas se ve a ciudadanos con sus botellas llenas de agua con jabón. “El problema está en que unos tienen pésima actitud. En sus horas de descanso los ves drográndose. Quizás no sean malos, pero lo que hacen no está bien. Están en otra onda. De agarrarlos en un mal día, la violencia sí puede desencadenar en un acto más severó”, relató la ciudadana de Samanes 5 Nathalia Serrano; quien hace un llamado a las autoridades entrantes a que pongan en práctica la acción para ordenar a Guayaquil.

“La venta informal, el comercio y todo lo que pasa en el espacio público debe regularizarse. No hay que esperar a que algo malo pase. Con los limpiaparabrisas, cuyas quejas en torno a su actitud han sido múltiples desde hace algunos años, se debe crear un plan. Si es de ponerles chalecos, hay que hacerlos. Si existen 100, pues no debe haber más de 20. No sé, algo hay que hacer. Pero que pululen en la ciudad, insultándonos o atemorizándonos, como lo hacen en su mayoría, no es ya una opción”, agrega Emilia Escandón, habitante de la Kennedy.