Turismo en Guayaquil
Escalinatas en Guayaquil: El desafío es convertir lugares de paso en espacios vivos
Desde el cerro del Carmen hasta Mapasingue hay zonas con potencial. En Lomas de Urdesa aún esperan que se mejoren los peldaños

En Mapasingue, noroeste de Guayaquil, hay escalinatas que tienen potencial, aunque necesitan mantenimiento.
Lo que se sabe
- Una de las escalinatas más conocidas y visitadas es la del cerro Santa Ana, pero hay otras en sectores como Urdesa y Mapasingue
- Atletas creen que estos espacios podrían servir para nuevos circuitos deportivos
- Especialista propone que se promuevan programas de arte urbano
Quien piensa en escalinatas en Guayaquil, casi siempre evoca Las Peñas. Pero la ciudad guarda muchas más. Desde el cerro del Carmen hasta Mapasingue Este, pasando por ciudadelas como Lomas de Urdesa, decenas de escaleras atraviesan barrios, conectan cerros y ofrecen vistas privilegiadas que hoy pasan inadvertidas para la mayoría, pese a que cientos de personas las recorren cada día.
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Mientras ciudades como Medellín (Colombia) y Río de Janeiro (Brasil) transformaron estos espacios en atractivos turísticos y comunitarios, en la ciudad las escalinatas son vistas como lugares de paso.
Hoy, expertos sostienen que en ellas existe una oportunidad para fortalecer la caminabilidad, la seguridad y, lo que tanto se habla y se busca, el tejido social.
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Las Peñas ya demuestran que una escalinata puede convertirse en un atractivo urbano y estar entre los puntos imperdibles por conocer. A lo largo de sus más de 400 escalones funcionan cafeterías, galerías, bares y pequeños comercios que acompañan el recorrido hasta el faro Santa Ana. Pero el potencial de este tipo de infraestructura va mucho más allá.
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Por ejemplo, la Comuna 13 de Medellín pasó de ser uno de los sectores más conflictivos a convertirse en uno de sus principales destinos turísticos.
Sus escaleras eléctricas y tradicionales están rodeadas de murales, arte urbano, música y emprendimientos locales que atraen diariamente a miles de visitantes. Son galerías abiertas.
Algo similar ocurre en Río de Janeiro con la Escalera de Selarón. Sus más de 200 escalones, revestidos con coloridos mosaicos de azulejos, conectan los barrios de Lapa y Santa Teresa y se han convertido en una de las postales más reconocidas de Brasil.
Incluso se las incorporó en los tours turísticos de la ciudad. El recorrido está acompañado de músicos, artesanos y vendedores que dinamizan la economía del sector, donde la caipiriña es la protagonista.
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¿Cuáles son las escalinatas con potencial en Guayaquil?
En Guayaquil existen espacios con características similares, aunque todavía poco aprovechados. En el caso de la escalinata del cerro del Carmen, esta tiene 166 escalones que conducen hasta el monumento del Sagrado Corazón de Jesús y ofrecen vistas únicas.
En la cumbre del cerro del Carmen está el monumento al Corazón de Jesús
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Durante el recorrido se observa mantenimiento en las áreas verdes y presencia de personal de seguridad, pero la actividad comercial es prácticamente inexistente, pues apenas hay un puesto de desayunos que funciona al pie del cerro.

Las escalinatas del cerro del Carmen, en el centro de Guayaquil, conducen al monumento al Corazón de Jesús.
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Otra realidad se vive en Mapasingue Este. Allí abundan las escalinatas que conectan las calles del sector, y una de las que más destacan es la denominada ‘Himno a los Ídolos’, un mural inaugurado en 2018 (cuando Jaime Nebot administraba la ciudad), que fue elaborado por el artista Christian Moreano.
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Los escalones exhiben imágenes de Julio Jaramillo y el escudo de Barcelona, dos símbolos de Guayaquil. No obstante, durante un recorrido realizado por EXPRESO se constató la presencia de basura, latas de cerveza y estructuras metálicas deterioradas, que evidencian la necesidad de mantenimiento.

Así están los bajos de las escalinatas en Mapasingue Este, en el norte de Guayaquil.
Deporte, arte y actividades comunitarias en los cerros
Para Fabiola Peña, aficionada al atletismo, estos espacios podrían convertirse en nuevos circuitos deportivos. “Cuando salimos a correr en grupo, muchas veces estamos expuestos al tráfico vehicular y otros riesgos. Las escalinatas podrían formar parte de rutas para entrenar, ganar resistencia y, al mismo tiempo, conocer sectores de la ciudad que tienen paisajes muy bonitos”, plantea.
El arquitecto urbanista Félix Chunga, docente de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, considera que las escalinatas deben dejar de entenderse únicamente como elementos de circulación.
“Las escalinatas, al igual que las veredas, caminerías y parterres, forman parte de la infraestructura del espacio público. Si solo las vemos como lugares de paso, estamos desperdiciando una enorme oportunidad para fortalecer la caminabilidad, la accesibilidad y la convivencia ciudadana”, argumenta.
Añade que estos espacios deberían integrarse a una red urbana que permita recorrer la ciudad de manera cómoda, segura y accesible, además de contribuir a enfrentar los efectos del cambio climático mediante infraestructura verde. “Podemos sacarles provecho, no solamente en los cerros. Hay muchas escalinatas en Guayaquil que deberían formar parte del inventario de espacios públicos y convertirse en corredores urbanos”.
Lina Enderica, docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de la Espol, coincide en que Las Peñas es el referente más conocido de la urbe, pero recuerda experiencias exitosas como las de Valparaíso, en Chile, donde las escalinatas forman parte de la identidad urbana y cultural. Considera que estos espacios podrían albergar emprendimientos regulados, ferias temporales, áreas de descanso, miradores y actividades comunitarias.
Asimismo, propone impulsar programas de arte urbano similares a los desarrollados en la Comuna 13 de Medellín, acompañados de iluminación, señalización, vigilancia y mantenimiento.
“Muchas escalinatas pueden transformarse en corredores seguros que conecten distintos barrios. Algunas pueden convertirse en miradores; otras, en espacios con sombra, mobiliario urbano, puntos de información, arte comunitario y ferias para los propios vecinos. Siempre bajo una planificación adecuada”, subraya.
No obstante, Enderica enfatiza que el objetivo principal no debe centrarse exclusivamente en atraer turistas. “Primero debemos mejorar estos espacios para quienes viven en la ciudad. Luego, naturalmente, serán atractivos para los visitantes. La participación de la comunidad es clave para que estos lugares sean sostenibles y realmente aprovechados”.
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En Lomas de Urdesa esperan que se mejoren peldaños
Una de las escalinatas cuya intervención esperan los ciudadanos es la que conecta la calle Sexta con la avenida Enrique Ortega Moreira, en Lomas de Urdesa.
Durante un recorrido se constató que en su entorno se acumula maleza. Además, es utilizada como baño público y presenta acumulación de desperdicios e incluso prendas de vestir abandonadas.

En las escalinatas de Lomas de Urdesa hay suciedad, desechos y sus moradores dicen que falta mejorar la iluminación.
En la zona también proliferan los grafitis, una situación que preocupa a vecinos como Luis Farfán, quien espera que, al menos, estos sean reemplazados por obras de arte urbano. “Que tenga iluminación y que la adecenten para que la zona se vea mejor”, opina.
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