Nathy y Patricio en la sala de su casa, espacio desde donde imparten las clases.
Nathy y Patricio en la sala de su casa, espacio desde donde imparten las clases.Alex Lima/EXPRESO

Dejaron sus empleos en medio de la pandemia para enseñar robótica a niños

Es un matrimonio joven que decidió emprender con talleres educativos, para preparar a los pequeños para las profesiones del futuro

En marzo pasado, mientras miles de trabajadores en Guayaquil temían perder sus empleos, amenazados por el coronavirus que hundía a la ciudad en una extensa agonía, Nathy Guerra y su esposo Patricio Narváez renunciaron a los suyos para completar su sueño: enseñar robótica y programación.

Es que la pandemia no solo va dejando heridas difíciles de sanar, sino que además ha sido el empujón que soñadores como esta joven pareja necesitaban para hacer sus proyectos realidad. Nathy, guayaquileña de 30 años, era docente de inglés en una escuela por más de 10 años; y Patricio, quiteño de la misma edad, ingeniero en mecatrónica y apasionado por la automatización, trabajaba en una enorme empresa.

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“Desde hace algunos años habíamos pensado en cómo mejorar la educación en Ecuador y este tiempo de pandemia fue la oportunidad. Decidimos unir nuestras profesiones para dar clases de robótica a niños. Iniciamos los talleres hace un año, solo por medio tiempo, pero tras la pandemia decidimos dedicarnos de lleno en ello, aprovechando que los pequeños tenían más tiempo libre”, cuenta Nathy entusiasta y con una sonrisa de satisfacción.

Esta pareja, que unió su amor en matrimonio hace cinco años, es la creadora de ‘Gobots’, el nombre de un conjunto de talleres extracurriculares que enseña robótica, programación, inteligencia artificial e inglés a niños de 7 a 12 años de edad, a través de dos plataformas tecnológicas.

Con estas clases los chicos han aprendido cómo funcionan las máquinas de carros, trenes, electrodomésticos; aprenden sobre gramaje; generadores de energía, entre otros. Por ejemplo, si el profesor les muestra una lavadora abierta, ellos saben cómo funciona. “Reconocen que es un motor que está conectado con una banda que hace girar el tambor”, explica Patricio.

Es que la pareja trabaja con un grupo de robots, como herramientas principales, que tienen piezas muy pequeñas, circuitos, motores, cables y estructuras que desarman y arman para enseñarles a los niños su función. “Y esto solo lo aprenden los estudiantes universitarios de carreras de ingeniería”, enfatiza Nathy.

Para graficar otro ejemplo, en una de las plataformas digitales, los chicos hacen caminar a un dinosaurio y le ubican materiales pesados en su cabeza, si exageran, el reptil fósil se cae. De esa manera aprenden sobre el centro de gravedad y su importancia.

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Pero, sin duda, una de las enseñanzas más importantes ha sido la creación de videojuegos. Bajo la guía de estos maestros, a través de la programación, los niños han creado a su gusto y estilo una versión del popular videojuego Mario Bros, con el que además compiten y se divierten.

“En 20 años los puestos de trabajos van a necesitar que la gente entienda de robótica y programación, porque las máquinas están reemplazando al ser humano en todas las tareas repetitivas, por eso necesitaremos entenderlas para poder controlarlas. Nuestra propuesta es preparar a los niños para la vida laboral del futuro”, menciona el profesor.

“Queremos que dejen de ser consumidores de tecnología y que empiecen a ser creadores de ella”, acota Nathy.

Los talleres son dinámicos y cada día hay un desafío nuevo que los incentiva. La interacción en clase, las preguntas que llueven y las sonrisas que se observan en la pantalla del computador, donde se imparte la cátedra, así lo demuestran.

Las clases, detallan los docentes, les ayudan a los niños a ser hábiles con los cálculos y a desarrollar su motricidad fina, gruesa; pensamiento lógico y algorítmico. “Uno de los ejercicios que hacemos, por ejemplo, es exponerle un problema grande para que lo resuelvan. Les enseñamos que deben dividirlo en un montón de problemas chiquitos fáciles de resolver”, explica Patricio.

Estos talleres, antes de la pandemia, los recibían solo 12 niños de la ciudad y de manera presencial. Ahora y tras la cuarentena, tienen al menos 54 estudiantes, distribuidos de forma virtual, en tres paralelos y provienen de diferentes partes del país: Quito, Santa Elena, Ambato...; y de hasta otros países como México y Estados Unidos.

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El área de trabajo de estos profesores está en la sala de su casa, situada en la urbanización Volare, al norte de Guayaquil. Allí, Nathy ha dibujado y coloreado con acuarelas de diversos colores, en la pared un enorme cosmos donde hay robots, mundos e inteligencia artificial. A los pequeños les encanta. “Ellos reconocieron de inmediato el paisaje y se identifican con él. Nos decimos gobóticos entre todos. Buenos días gobóticos, chao gobóticos”, cuenta y ríe la maestra.

Talleres
Patricio en medio de uno de los talleres de programación.Alex Lima/EXPRESO

El nombre ‘Gobots’ fue una fusión entre la palabra en inglés go (vamos) y robots, explica. La idea de unir sus profesiones y brindar una enseñanza que se adelante al futuro surgió una tarde como un destello en Nathy cuando observó un video en Internet, donde un niño construía un robot. “Me pregunté ¿por qué esto no es común en las escuelas de Ecuador? Y empezamos a planificar cómo enseñar robótica”, recuerda.

La pareja inició su emprendimiento educativo promocionándose en redes sociales y ahora este ha tenido tanto éxito que han requerido contratar a otros maestros. “De mi trabajo pasado despidieron, por la crisis, a cinco docentes que eran mis compañeras. Entonces las contratamos a ellas”, cuenta Nathy, quien como su esposo está feliz de ayudar a marcar una nueva tendencia de enseñanza en el país.

Clases particulares, una salida a la crisis

LORENA CASTRO: Lorena Castro, de 27 años, docente y licenciada en comunicación social, imparte clases particulares de lectura y escritura a niños de primaria. Los motiva a hablar en público y a mejorar su léxico. Los talleres los imparte en su casa situada en la ciudadela Mapasingue Oeste, en el norte de Guayaquil, por una hora al día de lunes a viernes.

TAMARA ALCÍVAR: Tamara Alcívar es psicóloga clínica y bilingüe. Durante la pandemia da clases particulares de inglés, lenguaje y música a niños y adolescentes. Los talleres que imparte, algunos son a domicilio, y en otros casos, recibe a los estudiantes en su vivienda situada en la ciudadela Guayacanes.

DANIELA DÍAZ: Daniela Díaz es licenciada en educación de párvulos y era docente de niños de inicial hasta segundo grado. La institución educativa en la que laboraba entró en crisis por la pandemia de la COVID-19 y, para tener otra fuente de ingreso, se dedica a dar clases particulares a niños pequeños a domicilio.