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Diario Expreso Ecuador

Economía circular

La industria paralela al al agro que el Ecuador todavía no voltea a ver

Banano, cacao y camarón dejan materials con potencial para abonos, alimentos y alta cocina, pero Ecuador aún no articula el ecosistema para aprovecharlos

En la planta de Bioconversión, en Guayaquil, la cáscara de banano se mezcla con restos de cacao, leche y cerveza para alimentar a las larvas de mosca soldado negra.

En la planta de Bioconversión, en Guayaquil, la cáscara de banano se mezcla con restos de cacao, leche y cerveza para alimentar a las larvas de mosca soldado negra.FREDDY RODRÍGUEZ / EXPRESO

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Lo que debes saber

  • Convertir residuos en nuevos insumos no basta para hablar de economía circular: el reto es cambiar cómo se producen, consumen y gestionan los materiales para evitar que se conviertan en desechos.
  • Ecuador ya tiene leyes y estrategias de economía circular, pero la falta de financiamiento, tecnología, infraestructura e información dificulta la transición.
  • Existen negocios e investigaciones que convierten residuos orgánicos en alimentos para animales, abonos y hasta ingredientes de alta cocina, pero su expansión aún depende de incentivos y mercados capaces de sostenerlos.

La vasta y diversa oferta agropecuaria del Ecuador factura miles de millones de dólares al año. Pero detrás de esas cifras hay materias que el país todavía no aprovecha del todo. "¿Por qué no hacemos una segunda industria de la primera, que es la agroexportación?", pregunta Mauricio Laniado, gerente general de Bioconversión S.A., quien ha identificado, cuantificado y valorizado en una investigación aplicada lo que él llama residuos orgánicos inevitables del sector agroindustrial ecuatoriano, con foco en tres cadenas productivas: banano, cacao y camarón.

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Cada cadena productiva deja materias con componentes que pueden tener usos de mayor valor. En banano y plátano, a partir del análisis de cifras de 2025 tomadas del Banco Central del Ecuador (BCE), asociaciones sectoriales, comercio exterior y producción, Laniado estima que el raquis (rico en celulosa, hemicelulosa, lignina y minerales) representa entre el 6% y el 12 % del peso del racimo. Tomando el 9% (como punto medio de referencia) sobre una producción de 9,3 millones de toneladas de racimos, hay un equivalente a unas 837.000 toneladas de raquis al año. A ello se suman entre 84.000 y 109.000 toneladas anuales de cáscaras y mermas industriales identificadas de forma preliminar, con pectina, azúcares, celulosa y hemicelulosa que pueden aprovecharse.

En cacao, la estimación parte de una producción de alrededor de 501.000 toneladas de cacao seco y sitúa la generación de cáscara fresca de mazorca en unas 5 millones de toneladas anuales. La cáscara contiene pectina, fibras y nutrientes, mientras que la pulpa o mucílago contiene agua y azúcares aprovechables. En camarón, la estimación preliminar apunta a 416.000 toneladas de cabezas y 29.000 toneladas de exoesqueleto asociadas a la cadena exportadora.

¿Qué es la economía circular realmente?

Pero convertir estos materiales en nuevos productos, aclara Genoveva Espinoza, docente de la Universidad Andina Simón Bolívar y coordinadora de la maestría en Gestión para Organizaciones Sostenibles, no es en sí mismo “hacer economía circular”: es gestión de residuos, una de sus estrategias, pero no la definición completa. “El objetivo de la economía circular es evitar llegar a estos residuos”, explica, y lo resume así: es generar valor con menos recursos, evitando que los materiales se conviertan prematuramente en desecho.

Ecuador cuenta con un marco legal desde 2021, con la Ley Orgánica de Economía Circular y su reglamento de 2023, además de la Estrategia Nacional de Economía Circular Inclusiva y otras normas. El problema, dice Espinoza, es que persiste “una disonancia entre lo que te dice la norma y la práctica”, marcada por barreras de financiamiento, infraestructura, inserción tecnológica e innovación.

Mercados por construir y consolidar

Convertir los residuos inevitables en recursos productivos es una teoría que Laniado demuestra con su propia planta en Guayaquil. Ahí se cría la larva de la mosca soldado negra (Hermetia illucens), lo materiales que llegan (cáscara de banano, afrecho de cerveza, mucílago de cacao y sobrantes de leche) se procesan y sirven de alimento a la larva, que en siete días crece y se convierte, por un lado, en harina rica en proteína, lípidos y quitina y, por otro, en abono orgánico. “El año pasado procesamos 1,25 millones de kilos de cáscaras que dejaron de ir al relleno sanitario”, cuenta Laniado. De 25 toneladas de material se obtiene una tonelada de proteína de insecto.

Las larvas de mosca soldado negra son separadas de los residuos orgánicos tras siete días de alimentación para obtener harina de insectos, mientras los residuos se convertirán en abono.

Las larvas de mosca soldado negra son separadas de los residuos orgánicos tras siete días de alimentación para obtener harina de insectos, mientras los residuos se convertirán en abono.FREDDY RODRÍGUEZ / EXPRESO

Laniado también explica que sostener el crecimiento de la acuacultura camaronera depende de alimento y, con la harina de pescado y de soya cada vez más limitadas por vedas internacionales, reutilizar las materias orgánicas se vuelve una cuestión de seguridad alimentaria para la propia industria. Hoy, esta harina de insectos abastece entre 800 y 900 hectáreas de camaroneras al año, un mercado que tardó año y medio en consolidarse, pero que abre camino a otros subproductos similares.

Las larvas de mosca soldado negra, tras pasar por un proceso térmico, quedan listas para ser molidas y transformadas en harina de insectos destinada a la alimentación de camarones.

Las larvas de mosca soldado negra, tras pasar por un proceso térmico, quedan listas para ser molidas y transformadas en harina de insectos destinada a la alimentación de camarones.FREDDY RODRÍGUEZ / EXPRESO

Sobre el tiempo de consolidación de una demanda, Espinoza lo atribuye a uno de los efectos de la falta de articulación institucional. El país ya cuenta con un mapeo del ecosistema de la economía circular —parte del llamado "libro blanco", financiado con cooperación internacional— que identifica qué empresas trabajan con qué productos y procesos. El problema es que ese documento según Espinoza no es fácil de ubicarlo. 

A eso se suma un segundo vacío explicado por la experta: la ley ordenó la realización de un mapeo de materiales críticos para priorizar cadenas y garantizar su trazabilidad, y ese documento todavía no existe. El déficit de ambas fuentes de información trunca la simbiosis industrial y como resultado en la actualidad cada emprendimiento termina buscando por su cuenta, durante meses, quién le puede vender o comprar sus materias o productos.

La posibilidad gastronómica

"Más o menos llega a un 60% el desperdicio que se realiza cuando usamos camarón", advierte Manuel Romero, docente de la Escuela de los Chefs de Guayaquil, y sostiene que esa cáscara contiene proteínas, lípidos, quitina y carotenoides con aplicaciones que van desde la cocina hasta la industria médica y de belleza. En las aulas ya desarrollan aceites, geles, crocantes y hasta sales a partir de cáscara de camarón: "de un producto cero, le potenciamos a un producto económicamente rentable".

El ejemplo más concreto lo vivió hace poco en comunas de Santa Elena, donde ayudó a transformar cabezas de camarón que los propios comuneros iban a botar en una sopa de cabezas rellenas de plátano con maní, vendida con éxito en un festival. 

La academia también prueban con cáscara y pasta de cacao, y otros productos tales como guineo, maracuyá, guanábana y papa, buscando siempre alternativas innovadoras y desperdicio mínimo.

La cáscara de camarón es transformada por la Escuela de los Chefs en crocantes para la alta cocina.

La cáscara de camarón es transformada por la Escuela de los Chefs en crocantes para la alta cocina.ESCUELA DE LOS CHEFS / CORTESÍA

Por ello para Romero, el motor del cambio es la academia: "estamos formando una nueva generación de cocineros" que tendrá la tarea de seguir investigando y lograr que estos platos sean aceptados. Es en la segunda tarea donde está, según él, el límite actual de escalar. Deshidratar un kilo de cáscara para un crocante toma horas y cuesta apenas $2 o $3, pero el plato que lo incorpora puede venderse en $12 o más, siempre que el cliente sea de un segmento dispuesto a pagar por la experiencia.

De la voluntad al incentivo

Escalar iniciativas como las de la Escuela de los Chefs o el desarrollo de insumos de Bioconversión S.A. dependen actualmente más de la voluntad empresarial que de incentivos para todo el ecosistema. Según Espinoza, grandes compañías como Nestlé y Pronaca ya invierten en ecodiseño y procesos circulares puntuales. Para las micro, pequeñas y medianas empresas, que representan más del 92% del tejido empresarial ecuatoriano, el salto es más complejo: “el que tiene que pagar esto es el productor y eso puede encarecer el producto y restar competitividad”. De ahí surge una barrera estructural enorme en el país para ingresar en esos procesos.

Mientras que en el ámbito de las agroexportaciones, Espinoza plantea que transparentar la externalización de costos e incorporarlos al valor de los productos permitiría incentivar a todos los productores del ecosistema.

A nivel interno, Laniado identifica otro incentivo para que esa “segunda industria” despegue: reducir costos a quienes conviertan sus residuos, en lugar de aumentar el gasto público. “el incentivo para que quienes conviertan ya no paguen esa tasa”, plantea, en referencia a la tasa de recolección de residuos que actualmente pagan por igual quienes reciclan y quienes no.

”La economía circular es una política de producción, de innovación y de competitividad”, finaliza Espinoza. Por ello el reto pendiente es convertir un marco normativo ya amplio en una transformación productiva a escala.

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