El Niño amenaza a las hidroeléctricas: ¿Qué centrales serían las más vulnerables?
Treinta y tres centrales que suman el 83 % de la capacidad hidroeléctrica del país dependen del agua de una misma cuenca

Técnicos trabajan para la continuidad del suministro y la reposición de infraestructura afectada.
LO QUE DEBES SABER
- Concentración geográfica: Treinta y tres centrales ubicadas en la cuenca oriental suman 4.308,95 MW, el 83 % de la capacidad hidroeléctrica instalada de Ecuador.
- Dos centrales decisivas: Coca Codo Sinclair, con 1.500 MW, y el complejo Paute Integral, con 1.757 MW, reúnen cerca de tres de cada cuatro megavatios de esa cuenca.
- Margen en Mazar: El embalse bajó 9,26 metros desde el 1 de agosto y el 9 de septiembre marcaba 2.143,42 msnm, frente al mínimo operativo de 2.110 msnm que fijó el Cenace.
Treinta y tres centrales hidroeléctricas suman 4.308,95 megavatios (MW) y todas dependen del agua de una misma zona: la cuenca oriental, en el Austro y la Amazonía.
Esa potencia equivale al 83 % de la capacidad hidroeléctrica instalada de Ecuador, según el cálculo del ingeniero eléctrico Luis Ordóñez.
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¿Qué centrales concentran el riesgo?
Dos proyectos explican la mayor parte de esa exposición. Coca Codo Sinclair aporta 1.500 MW y el complejo Paute Integral, 1.757 MW repartidos entre Molino (1.100 MW), Sopladora (487 MW) y Mazar (170 MW).
Entre ambos reúnen 3.257 MW: cerca de tres de cada cuatro megavatios de la cuenca.
Detrás de ellos opera un conjunto de centrales más pequeñas que comparten el mismo origen del agua. Por eso la vulnerabilidad no se distribuye: se concentra en un solo régimen de lluvias.
¿Por qué más lluvias no significan más electricidad?
El Niño se asocia con precipitaciones por encima de lo normal en la costa ecuatoriana, pero las centrales que sostienen el sistema no se alimentan de esa zona.
Paute y Coca Codo Sinclair dependen de las cuencas del Austro y de la Amazonía, explicó el ingeniero geólogo Alfredo Carrasco Valdivieso.
Carrasco precisó que los eventos con predominio del Pacífico Central suelen adelantar y prolongar el estiaje en esas cuencas. A eso agregó un efecto menos visible: las lluvias muy intensas provocan deslizamientos que arrastran sedimentos y reducen la capacidad de almacenamiento de los embalses.
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¿Qué papel cumple Mazar en la cadena?
Mazar regula la operación del complejo Paute: almacena el agua que luego mueve a Paute Molino y, aguas abajo, a Sopladora. Cuando su nivel baja, el efecto recorre toda la cadena.
El embalse descendió 9,26 metros desde el 1 de agosto y el 9 de septiembre marcaba 2.143,42 metros sobre el nivel del mar (msnm), según los registros de Celec Sur. El Cenace fijó en 2.110 msnm su nivel mínimo operativo.
El caudal de ingreso siguió la misma curva: pasó de un promedio de 110,67 metros cúbicos por segundo en julio a 56,02 en agosto, y en los primeros diez días de septiembre se mantuvo en 56,31.
Aguas abajo, Amaluza recibe el agua de Mazar y abastece a Paute Molino, pero con una capacidad de regulación mucho menor: opera entre 1.935 y 1.991 msnm.
Pisayambo, en la Sierra central, alimenta a la central Pucará y funciona como reserva de regulación del Sistema Nacional Interconectado. Su rango de operación va de 3.541 a 3.565 msnm.
¿Cuánto margen queda si los efectos coinciden?
El escenario que más preocupa no es la caída de un embalse, sino la simultaneidad. Si los aportes bajan al mismo tiempo en Paute y en Coca Codo Sinclair, el sistema pierde capacidad de sustituir una fuente por otra.
Ese margen ya era estrecho antes del estiaje. Marco Acuña, coordinador del Consejo Consultivo de Ingenierías y Economía, afirmó en julio que no se prevé el ingreso de nuevos megavatios para cubrir el déficit de generación, que bordea los 1.300 MW.
La cuenca oriental concentra así el 83 % de la hidroelectricidad del país y responde a un régimen de lluvias que El Niño puede alterar en dos direcciones: con menos aportes de los previstos o con lluvias intensas que arrastran sedimentos a los embalses.