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‘Prohibido no tocar’: la arquitectura se toma las calles de Quito con nueve pabellones
Nueve pabellones temporales ocuparán plazas, parques y espacios públicos para ser recorridos, tocados, habitados y apropiados por los habitantes

En la capilla del Museo de la Ciudad se presentaron los proyectos ganadores del concurso de pabellones dentro de la XXV Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito.
Lo que debes saber
- La XXV Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito, bajo el lema 'Prohibido no tocar', llevará la discusión arquitectónica al espacio público
- Nueve pabellones se instalarán en distintos puntos de la ciudad para activar espacios y permitir que la ciudadanía toque, recorra y experimente la arquitectura
- Las estructuras serán inauguradas durante la Bienal, del 23 al 27 de noviembre, y permanecerán en los espacios seleccionados hasta marzo de 2027
La arquitectura suele discutirse en aulas, auditorios, publicaciones especializadas y exposiciones. Sin embargo, este año, la XXV Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito-BAQ 2026 quiere llevar esa conversación a otro escenario: la calle.
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Bajo la consigna “Prohibido no tocar”, la edición actual plantea sacar la arquitectura de los espacios tradicionales de discusión y ponerla en contacto directo con la ciudad y sus habitantes.
La propuesta se materializa en nueve pabellones que serán instalados en distintos puntos de Quito. No solo se trata de objetos arquitectónicos para ser observados, sino de estructuras temporales concebidas para activar el espacio público, provocar encuentros y permitir que las personas experimenten la arquitectura con el cuerpo.
“Parte del concepto de la Bienal de este año, ‘Prohibido no tocar’, es exponernos a la ciudad”, explica Daniela Loaiza, presidenta de la Bienal. Señala que la arquitectura ha mantenido cierta distancia con lo real y esta iniciativa busca reducir esa brecha. “Por eso la exponemos a la ciudadanía, para que sea parte y la construya”, dice.
Una arquitectura expuesta al uso cotidiano
Esa apertura también implica asumir riesgos. Los pabellones estarán expuestos al clima, al juego, al uso cotidiano e incluso a posibles actos de vandalismo. Para Loaiza, justamente allí está parte del sentido de la propuesta, que es abrir una discusión sobre cómo se relacionan la arquitectura y la ciudad. “Queremos abrir ese debate, que sea una excusa para acercarse a los vecinos, hablar de ciudad”, afirma.
El proyecto incluye especialmente a las infancias. La Bienal busca que niños y niñas puedan apropiarse de estos espacios, jugar y descubrir otras formas de relacionarse con el entorno. La condición temporal de las estructuras permite, además, experimentar con nuevas posibilidades de uso del espacio público sin convertirlas en intervenciones permanentes.

En el Museo de la Ciudad, en el centro, se exhiben las fotos de los nueve pabellones.
Pabellones para tocar, recorrer y habitar
Los pabellones son arquitecturas temporales planteadas como estructuras capaces de activar el espacio público. Cada uno propone una manera diferente de relacionarse con el lugar donde será instalado: el patrimonio, el paisaje, el clima, la memoria, el juego o las personas.
Durante la Bienal, que se desarrollará del 23 al 27 de noviembre, estas estructuras podrán ser recorridas, habitadas y discutidas. Los pabellones estarán hasta marzo de 2027 y luego serán retirados.
La convocatoria recibió 150 propuestas nacionales e internacionales, que fueron evaluadas por un jurado especializado. De ese número, nueve resultaron ganadores y actualmente están en construcción. Los proyectos son:
- Kancha, en el bulevar 24 de Mayo
- Clima en construcción, en el bulevar 24 de Mayo
- Vigilia, umbral de luz y rito colectivo, en la plaza del Monasterio del Carmen Alto
- El Tacto de la memoria, en la plaza Santa Clara
- Por favor, pisar las jardineras, en la plaza San Marcos
- El agua está como un plato, en el parque La Alameda
- El Nido, en la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo
- Periscopio del Ejido, visor de lo Invisible, en el parque El Ejido
- Síncope, pausa y movimiento, en la plaza Gabriela Mistral
Un proyecto construido entre arquitectos y ciudadanía
Loaiza destaca que la construcción de los nueve pabellones fue un trabajo compartido entre arquitectos, academia, sector público, sector privado y la ciudadanía. El componente participativo ha sido uno de los ejes del proceso.
Desde el concurso hasta la etapa actual se han desarrollado talleres, encuentros y jornadas de socialización con habitantes y actores vinculados a los barrios donde se instalarán las estructuras.
Nueve formas de experimentar Quito
En el bulevar de la 24 de Mayo se instalarán dos propuestas. Kancha, del Estudio Pierre Berrú Taller de Arquitectura, se ubicará en la avenida 24 de Mayo y Sebastián de Benalcázar, un punto marcado por el flujo permanente de peatones, comercio y tránsito. Su planteamiento busca introducir una pausa sin aislarla de la dinámica urbana.

Imagen del pabellón Kancha, del Estudio Pierre Berrú Taller de Arquitectura.
El pabellón delimita un fragmento del espacio público para transformar el movimiento en permanencia y el tránsito en encuentro. La arquitectura funciona como una herramienta para intensificar las relaciones que ya existen en el lugar.
En el mismo bulevar estará Clima en construcción, del Estudio Natura Futura, de José Gómez Marmolejo. La propuesta parte de las condiciones particulares de Quito: altura, radiación solar y variaciones térmicas que influyen directamente en la vivencia urbana.

Clima en construcción, del Estudio Natura Futura, de José Gómez Marmolejo.
El pabellón se plantea como un laboratorio lúdico para experimentar cómo la arquitectura puede intervenir sobre el clima. Atravesarlo, tocarlo y percibirlo son parte de la experiencia. También incorpora especies aromáticas y medicinales nativas, con la intención de explorar el espacio mediante el olfato, el tacto y la proximidad.
En la plaza del Monasterio del Carmen Alto, Vigilia, umbral de luz y rito colectivo, de Luis Alberto Menéndez, de Lams Arquitectos, aborda la memoria y el duelo desde una experiencia colectiva. La propuesta parte de un gesto cotidiano: reunirse alrededor de la luz.
Una geometría concéntrica organiza un anillo habitable compuesto por elementos que evocan velas. Sobre una base oscura aparecen puntos de luz que responden al movimiento de las personas mediante sensores. El recorrido activa así el pabellón y convierte la interacción en parte de la experiencia. La estructura busca recuperar la plaza como lugar de encuentro, memoria y esperanza, sin interrumpir su circulación cotidiana.

pabellón Vigilia, umbral de luz y rito colectivo, de Luis Alberto Menéndez, de Lams Arquitectos.
El patrimonio también se puede tocar
En la plaza Santa Clara, El Tacto de la memoria, de Baquio Arquitectura, cuestiona la relación distante que muchas veces se establece con los espacios patrimoniales. Frente a plazas convertidas en escenarios para ser fotografiados, el proyecto propone que el cuerpo vuelva a ser protagonista.
Este pabellón trabaja con los sentidos y plantea una estructura concéntrica organizada en torno a una experiencia de descubrimiento. La arquitectura no pretende explicar el patrimonio únicamente mediante información escrita, sino hacerlo perceptible mediante el contacto, los aromas y la interacción. Los niños aparecen nuevamente como protagonistas de una experiencia que busca transformar al peatón en explorador.

Pabellón Tacto de la memoria, de Baquio Arquitectura.
En la plaza San Marcos, Por favor, pisar las jardineras, de Isaac Flores Trávez, interviene precisamente uno de los elementos que tradicionalmente marcan límites en este tipo de espacios: las jardineras.
En lugar de rodearlas, el proyecto propone habitarlas mediante un sistema de caminerías elevadas que atraviesan la plaza. A unos 60 centímetros de altura, estas estructuras generan nuevas posibilidades para caminar, detenerse y observar la vegetación desde otros puntos de vista. El entramado funciona más como un filtro que como un objeto cerrado y busca integrarse a los recorridos cotidianos del barrio.

Pabellón Por favor, pisar las jardineras, de Isaac Flores Trávez.
La propuesta también reconoce el carácter familiar de San Marcos y plantea que la nueva estructura dialogue con la memoria existente sin desplazarla.
La memoria de La Alameda convertida en arquitectura
En el parque La Alameda, El agua está como un plato, de Álvaro González Serrano, de España, parte de una fuente distinta: los recuerdos de quienes han habitado el parque.
Las entrevistas realizadas a vecinos recuperaron imágenes asociadas al agua, los árboles, el césped, los juegos y la posibilidad de sentarse junto a la laguna. De esas memorias surge una arquitectura del recuerdo. El proyecto no busca construir un objeto aislado, sino hacer visible algo que ya existe en la memoria colectiva del parque.

Pabellón El agua está como un plato, de Álvaro González Serrano, de España.
Una estructura circular genera una superficie elevada que puede ser utilizada de distintas maneras, como mirador, lugar para sentarse, espacio de juego o punto de encuentro. La propuesta combina dos formas de habitar La Alameda: la histórica y la lúdica. Es una superficie abierta, sin un único uso predeterminado, que busca acercar nuevamente la arquitectura a la naturaleza.
Los tres proyectos que completan la selección de nueve pabellones son El Nido, de Cristina Correa Freile, que se instalará en la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo; Periscopio del Ejido, visor de lo Invisible, de la Universidad San Francisco, que ocupará un espacio del parque El Ejido; y Síncope, pausa y movimiento, de la Universidad de Cuenca, que llegará a la plaza Gabriela Mistral.
Durante la semana de la XXV Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito, los pabellones serán inaugurados progresivamente y formarán parte de recorridos, talleres, encuentros y activaciones.