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Molly Seidel, la mesera que nunca corrió una maratón y se clasificó a los Olímpicos

La norteamericana de 25 año rompe todos los esquemas. Tiene 2 trabajos, suele correr disfrazada de pavo para una empresa y estará en Tokio

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Atípico. Molly es sacada de los estereotipos de fondista. Nunca corrió una hasta Atlanta, donde clasificó a los Juegos.EFE

No lo podía creer. Cruzó la meta y repetía desconcertada una y otra vez “¿Qué está pasando?”, mientras miraba hacia arriba y sacudía la cabeza luchando por contener la sonrisa que se extendía por su rostro. Y es que Molly Seidel, trabajadora de 25 años de una cafetería, nunca se imaginó clasificar por Estados Unidos a los Juegos Olímpicos de Tokio en las pruebas de maratón que se realizaron el sábado pasado en Atlanta. De hecho esa era su primera prueba de fondo.

Si bien Molly había sido una atleta destacada en la universidad, en los últimos años perdió ritmo de competencia al sufrir problemas con varias lesiones, de ahí que comenzó a trabajar en un restaurante en Boston y cuidaba niños para poder subsistir, ocupaciones que coparon su tiempo y le hacían prever una “tibia” carrera en los ensayos de Atlanta, sin grandes expectativas y menos parar el reloj en 2 horas, 27 minutos y 31 segundos, crono que la conduciría a la cita máxima del olimpismo mundial.

Reconocida por sus actuaciones en carreras de 5.000 y 10.000 metros, Seidel ganó el Foot Locker Cross Country Championship en 2011 y obtuvo cuatro títulos, pero del Campeonato de la División I de Baloncesto Universitario de EE.UU. Dicho eso, ¿cómo llegó a las pruebas de maratón olímpico de Atlanta? Pues ella clasificó gracias a su tiempo en la media maratón de San Antonio en diciembre, donde hizo 1:10:27. El resto es historia.

“No tenía idea de cómo iba a ser la maratón en Atlanta”, dijo después de la carrera. “No quise anunciarlo antes porque eso implicaba ejercerme demasiada presión, sabiendo cuán competitivo iba a ser el campo”, precisó aún nerviosa.

2:27:31

fue el tiempo que la norteamericana hizo el sábado pasado en Atlanta, donde obtuvo el cupo olímpico sin proponérselo

Su vida en Boston es bastante común en comparación con la de algunos de los competidores de élite que enfrentó. Ella va a trabajar, comparte un apartamento con su hermana menor y absorbe las condiciones climáticas en Boston. “Por lo general me levanto, hago mi sesión de entrenamiento principal, regreso, trabajo un par de horas en la cafetería o voy a cuidar niños; luego puedo correr más tarde en el día”, precisó.

En contraparte, Jon Green, quien hace las veces de su entrenador, nunca estuvo de acuerdo con que la atleta tenga dos trabajos mientras se entrenaba a nivel de élite. “Me gusta el café”, dijo Green. “Pero ¿el cuidado de niños?, eso requiere conducir demasiado y sentarse en el tráfico de las horas pico”, desaprobó con fuerza.

Pero así como talentosa, solidaria. Una de las tradiciones favoritas de Molly es usar un disfraz de pavo en un trote de estos en su Wisconsin natal. “No hay nada mejor que golpear a los niños mientras están vestidos de pavo”, comentó.

En 2019, sin embargo, corrió la Manchester Road Race en Connecticut, una carrera competitiva en el Día de Acción de Gracias que no es propicia para el cartón y las colas de estas aves. Ahí la fondista terminó la prueba de 4.74 millas en 24:43, atando a Kipyego, su nuevo compañero olímpico.

Finalmente como para agrandar aún más la historia de esta fondista “común”, se pudo conocer que llegar a la línea de partida en Atlanta fue una victoria. Hace apenas seis meses un prontuario de lesiones y trastornos alimenticios le decían que eso iba a ser imposible. “Si me lo hubieran dicho antes hubiera respondido: ‘OK, eso es gracioso’”.

Seidel se refiere a una lista larga de dolencias que incluye una fractura por estrés en la parte baja de la espalda, sumado a una alimentación desordenada. “Si tengo que enumerarlos, estaremos aquí todo el día”, contó. Es más, mientras estaba sentada en el piso del pasillo del hotel respondiendo preguntas sobre su increíble carrera, su quiropráctico se detuvo para decir adiós. Ella se levantó de un salto. “Gracias por reunirme de nuevo”, dijo antes de pedirle un último abrazo.

“Te mereces todo esto. Cada segundo”, replicó emocionado el profesional.