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Félix Badaraco: “Un Clásico del Astillero puede llegar a cambiarte la vida”

El exárbitro revela que en 1997 sufrió ataques físicos luego de ser el línea del cotejo que Barcelona ganó 3-1 a Emelec

Félix Badaraco árbitro
Actualmente Félix Badaraco (azul) destaca como asesor de colegiados en la Comisión Nacional de Árbitros.Cortesía

Hace 26 años un Clásico del Astillero le cambió la carrera al entonces árbitro FIFA ecuatoriano Félix Badaraco. Era el 2 de noviembre de 1997 y a él le tocó ser el juez de línea número 1 del partido que se disputaba en el Monumental, por la fecha 19 de la segunda etapa del torneo ecuatoriano. Barcelona terminó ganando 3-1.

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Este domingo 12 de noviembre, a puertas de un nuevo Clásico, el exréferi recuerda que en aquel partido hubo una jugada polémica, cuya imagen en televisión (según él) no mostraba toda la verdad de lo que sucedió. Eso provocó que él y su familia fueron víctimas de ataques verbales y físicos, asegura. Por cerca de cuatros meses tuvo que soportar que personas lanzaran piedras a su casa y los amenazaran en la calle.

¿Por qué fue la confusión?

Hubo una jugada en la que Agustín Delgado rompió la trampa del fuera de juego y encaró al arquero Carlos Luis Morales, quien evitó el gol con una falta al Tin. Ante eso, yo indiqué al árbitro central que era roja y penal. Todos los jugadores decían que era fuera de juego. Incluso el inspector me puso mala calificación y la prensa decía que me había equivocado, que era un robo para Emelec. Recuerdo que un medio de comunicación tituló “Badaraco 3-1 Emelec”. Me dieron duro, pero yo estaba convencido de que no me había equivocado.

- ¿Cómo lo demostró?

- Apelé la calificación que me pusieron, porque me sancionaron. En ese entonces, el canal que transmitía el torneo tenía una cámara en el techo del Monumental. En las imágenes que se transmitieron en la televisión el Tin aparecía como tres metros adelantado, pero esa estaba incompleta, porque no aparecía Byron Tenorio (defensor de Emelec), quien habilitaba al Tin. Tuve que solicitar unas imágenes amplias al mismo canal para demostrar que no estaba equivocado. Con eso me levantaron la sanción, pero empezó una bronca con Omar Quintana, quien era el presidente de Emelec en esa época.

- ¿Qué sucedió con el exdirigente del Bombillo?

- Tras ese Clásico, en todas las reuniones de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) me trataba mal, hablaba mal de mí. Incluso me vetó del estadio Capwell porque pensaba que había perjudicado a Emelec, pero igual me seguían designando a los partidos del Bombillo porque mi nivel no bajaba, pese a las duras críticas de este dirigente. Eso me terminó haciendo famoso.

- ¿Hubo algún encontrón con él?

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- Cada vez que iba al Capwell y Emelec no ganaba, Quintana bajaba al camerino donde estábamos y gritaba sin parar. Siempre se dirigía a mí, pero nunca llegó a agredirme físicamente. Yo, respetuosamente, le decía que se vaya del camerino, pero él respondía que ese era su estadio y no se iba hasta que nosotros saliéramos.

- ¿Esa situación lo afectó?

- Claro que me afectó, porque todos los medios de comunicación hablaban mal de mí, insinuaban que yo era un árbitro inmoral. En esa época yo vivía al sur de Guayaquil y algunos malos hinchas me apedreaban la casa. Incluso, cuando los azules ganaban iban a celebrar afuera de mi casa. Se convirtió en una situación difícil para mí y mi familia.

- ¿Qué hizo al respecto?

- Fueron como cuatro meses de hostigamientos. En la calle también me insultaban, me amenazaban. Por eso nos fuimos de esa casa. Buscamos un hogar fuera de Guayaquil donde nadie pueda molestarnos. Esa fue la solución inmediata que me permitió seguir con mi carrera. Nunca pensé en dejar el arbitraje, pero sí pasé por una situación difícil.

- ¿Este hecho cambió su vida y su carrera?

- Yo era un desconocido hasta noviembre del 97, pero a partir de ese linchamiento mediático del que fui víctima, me hice muy famoso.

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Los partidos entre Barcelona y Emelec siempre son cruciales.Archivo

- Usted estuvo en varios Clásicos. ¿Cuál era el jugador que más reclamaba?

- El Tin Delgado parece tranquilo, pero era demasiado complicado, porque reclamaba por todo y a veces se ponía bravo; cada vez que el Tin me reclamaba, yo le contestaba tranquilo. Edwin Tenorio también era bravo, pero con los rivales, él no se metía con los árbitros.

- Usted era juez de línea número 1. ¿Los técnicos reclamaban?

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- Claro, era difícil tratar con ellos. Por ejemplo, el argentino Salvador Capitano era intratable porque era intenso, abandonaba la zona técnica y se me ponía atrás, prácticamente me gritaba en la oreja. Pero Carlos Sevilla era más difícil, algunas veces cruzamos insultos y llegamos a ser enemigos. Era complicado tratar con él. Pero yo no me hacía problemas. A los que mostraban una conducta reprochable los hacía expulsar, no me importaba quién era.

- ¿Por qué fue enemigo de Sevilla?

- Terminaban los partidos y me seguía para insultarme, pero siempre yo lo informaba y por eso lo sancionaban. Yo sentía que había una enemistad rara que nunca entendí. Ojalá algún día nos encontremos y podamos hablar y darnos la mano.

- ¿Actualmente los árbitros tienen mejores condiciones para dirigir un Clásico?

- Claro. Antes era más difícil, la seguridad no era la adecuada. Antes cada árbitro llegaba solo al estadio y a la entrada nos esperaban los hinchas para insultarnos y amenazarnos. En cambio ahora tienen garantías para su seguridad, ya que son custodiados por la policía antes, durante y después del partido. No hay excusas para que se pongan nerviosos en un Clásico.

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- En lo futbolístico, ¿los Clásicos de ahora son iguales a los de su época?

- Hay una diferencia grande. El fútbol ecuatoriano ahora es rápido. Antes era más ‘romántico’, era de más toque. Barcelona tocaba el balón con Rubén Darío Insúa, tenía jugadores de buen pie. Ahora los equipos son rápidos y físicos. Por eso los árbitros tienen que estar bien físicamente.

- ¿Entonces su preparación cambió?

- Sí, el árbitro debe tener muy buen físico para que pueda hacer cambios de velocidad. A los Clásicos debe ir gente joven que corra, porque debe estar cerca de las jugadas para hacerles sentir a los jugadores que está atento. En cambio, si un árbitro pita las jugadas desde 20 o 30 metros de distancia, no tendrá credibilidad y se le irá el partido de las manos. Son partidos especiales

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