La doble corona alba de Polo Carrera

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La doble corona alba de Polo Carrera

El quiteño de 76 años fue campeón con Liga de Quito como jugador y entrenador. También dio una vuelta olímpica con el Peñarol de Alberto Spencer

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Polo Carrera tiene un rincón en su casa con algunos recuerdos de su paso por el cuadro alboÁngelo Chamba

Polo Carrera es una de las figuras más importantes de la historia de Liga Deportiva Universitaria de Quito. Fue campeón nacional como jugador (1975) y como entrenador (1990).

Aunque también se consagró con Peñarol de Uruguay junto a Alberto Spencer (1968) y El Nacional (1973), además de vestir otras camisetas como Barcelona, Universidad Católica, Fluminense de Brasil, River de Uruguay, Deportivo Quito y América, su conexión siempre será con el plantel albo.

Así fue desde el inicio, cuando jugaba el torneo amateur en el Real Madrid de la Loma y a los 15 años ya fue contratado por el plantel azucena. “Antes el fútbol amateur era la catapulta para los mejores jugadores. Se me hizo fácil debutar porque los primeros partidos del fútbol profesional eran en el estadio del Arbolito, un escenario conocido para mí. Recuerdo que hice dos goles y ganamos 4-2 al Atlanta de Chimbacalle”, inicia su relato.

Ese primer partido lo tiene muy grabado. Inclusive recuerda la frase que le dijo el directivo Raúl Vaca antes de saltar a la cancha: “guambra entra y demuestra lo que sabes. Lo demás es historia”.

LA UNIVERSIDAD CENTRAL EN EL CORAZÓN

Para Carrera, ese amor por el albo se fortaleció por el lado institucional. Él también representó a la Universidad Central del Ecuador en los torneos universitarios.

Estudiaba en el colegio anexo a la Universidad, el Manuel María Sánchez. Por eso podía ser considerado. Cuando me citaron para jugar el interuniversidades en Guayaquil tuve la satisfacción de defenderla”.

Pero además, él vivió en la residencia universitaria, donde ahora es el Hospital del Día. Ese lugar era destinado para los estudiantes de otras provincias, pero también como un sitio de concentración para selecciones nacionales. “Yo entrenaba en el estadio de la Universidad Central. Por eso dejé mi casa y me fui a vivir allá. Era más fácil bajar de la residencia a la cancha. Todo eso hizo que tenga este apego por la institución”.

Además, ahí conoció a varios seleccionados quienes tuvieron una corta concentración y que después se convirtieron en sus compañeros, como Alberto Spencer.

LA LIBERTADORES CON BARCELONA Y EL PEÑAROL DE SPENCER

Aunque en los registros de torneos nacionales no consta como exjugador de Barcelona, Polo Carrera sí defendió esa camiseta. Lo hizo en Copa Libertadores. Fue uno de los refuerzos “de otros clubes locales” permitidos para los equipos en torneos internacionales.

Lastimosamente la aventura no terminó bien para él, ya que se lesionó de los meniscos en un partido contra Cerro de Montevideo. Se perdió prácticamente todo el torneo, aunque acompañó al equipo en la gira.

Uno de los pasos más difíciles en su carrera fue en Brasil, en el Fluminense. En esa época era muy raro que un equipo cuente con extranjeros. Y por ello tuvo que convivir con recelos, además de las típicas dificultades de otra cultura.

Así que Carrera decidió volver al Ecuador, antes de dar el salto al Peñarol. Para entonces ya era un jugador consagrado, pero se fue a Uruguay a prueba, algo imposible de considerar en esta época.

“Antes era así. No había tanto empresario que te metan a los jugadores por los ojos. Uno tenía que demostrar en la cancha. Tuve la suerte de quedarme dos años allá y compartir con grandes jugadores, no se olvide que ese Peñarol era el campeón del mundo”.

Y tuvo un paso breve por el River Plate de Uruguay, antes de empezar una verdadera gira por equipos capitalinos. En esta etapa se consagró campeón con el albo y con El Nacional.

Y empezó su etapa como entrenador. “Todavía estaba para jugar, pero directivos de Liga de Quito me ofrecieron la oportunidad de dirigir, la acepté porque me gustaba mucho la idea. Apenas llegué fui muy claro con los jugadores, encontré los problemas, los solucionamos y llegamos al título”.

Aunque después tuvo más éxitos con otros clubes, se alejó de la dirección técnica porque entendió que hay menos paciencia con el entrenador ecuatoriano. Y para él, ese mal persiste. Como muestra señala al Instituto Tecnológico de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. De allí salen cada año nuevos entrenadores, pero no tienen espacio porque no existe una verdadera estructura que permita su desarrollo.

Además, ya empezó con sus otras pasiones, como la dirección deportiva en la SEK, donde puede organizar intercolegiales. También, trabajar en la remodelación del estadio de la Universidad Central, donde él dio sus primeros pasos profesionales y de donde quiere que salgan las nuevas figuras del deporte nacional.

DE NIÑO PERDIÓ LA VISTA EN UN OJO

A los ocho años, cuando estudiaba en la escuela Vicente Rocafuerte, Polo Carrera jugaba con dardos hechos con agujas y brea y sufrió un accidente. “Se lanzaban esos dardos a un redondel para sacar los puntajes, pero tuve tanta mala suerte que en lugar de ir al tablero se me incrustó en el ojo derecho”.

Desde ese día perdió la visión completamente. “Pensé que mi vida terminaba ahí, pero con el apoyo de mis familiares lo superé y volví a estudiar y a jugar fútbol, que era lo que más me interesaba. Y así, con un solo ojo logré jugar en los mejores equipos de América y del Ecuador”.

Claro, eso también influyó en la cancha, sobre todo en la posición que ocupaba. “Me acostumbré a tratar de divisar toda la cancha con un solo ojo. Se me hacía más fácil jugar por el costado derecho porque ahí veía todo, en cambio, cuando iba a la izquierda tenía que virar mucho la cabeza. Pero en la vida uno se acostumbra. Mire que jugué casi tres décadas de la misma manera”.

Ahora los problemas son un poco más específicos. Por ejemplo, cuando quiso sacar la licencia de conducir le exigieron que en el costado derecho del auto tenga un espejo mucho más grande. “Son cosas que pasan, pero todo eso he superado, he logrado jugar, crear las escuelas de fútbol y vivir siempre dedicado al deporte”, concluyó orgulloso.

ACEPTARÍA VOLVER A DIRIGIR

Polo Carrera no lo duda. Si llega una oferta para volver a dirigir la aceptaría. “Es lindo dirigir y me siento preparado. Sin menospreciar a nadie, si se analiza a los técnicos que están en el fútbol ecuatoriano, pocos de ellos dirigirían en sus países. Más que la capacidad, ahora pesa más el enganche de los empresarios”.

Para Carrera, la dirigencia del fútbol local se ha olvidado del técnico nacional. “No tienen las mismas oportunidades. Ojalá en la Ley del Deporte podamos tener algo que permita abrir espacio, como que cada cuerpo técnico tenga, al menos, a un ecuatoriano”.