Coronavirus: el hambre es el otro rival del fútbol

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Coronavirus: el hambre es el otro rival del fútbol

Juan Alvarenga dejó su natal Venezuela hace tres años. En Ecuador subsistía de la venta ambulante de empanadas.

Juan Alvarenga
Juan Alvarenga, jugador de Deportivo Quito, en su departamento.Henry Lapo

“Tengo la nevera vacía”, contó el futbolista Juan Alvarenga. Ya no disfruta de tres comidas diarias: su difícil situación económica le permite alimentarse, máximo, dos veces al día.

En 2019, el venezolano jugó en la división amateur con Deportivo Quito. De acuerdo con el reglamento, en esa categoría los equipos no tienen obligación económica con sus jugadores, pero el club chulla, de todas formas, pagaba 40 dólares por partido a sus futbolistas.

La ilusión del llanero era ascender a Segunda Categoría con la AKD para tener una situación más estable (en la división profesional los equipos sí tienen responsabilidad financiera). Y así lo hizo, llegó a la Segunda y la directiva azulgrana ofreció un acuerdo a sus deportistas para pagarles un salario, que para Alvarenga significaría el fin de una vida de ingresos irregulares. 

Es por eso que deshizo el arreglo que mantenía con el equipo barrial Atlético Junior, que juega en La Floresta. La directiva de ese club le pagaba el arriendo del pequeño departamento donde vive, a cambio de que él juegue en sus filas. Pero, ya con un salario fijo, y con el reglamento que le impide jugar en el fútbol profesional y barrial a la vez, Alvarenga decidió salirse de Atlético Junior y asumir él mismo la renta.

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Pero llegó la emergencia sanitaria y, con ella, el cese temporal del torneo de Segunda Categoría. Es por eso que, ante la incertidumbre de saber si se jugará o no el campeonato, Deportivo Quito canceló los contratos con sus jugadores.

“Renunciar a esto fue algo muy fuerte. Uno tiene la ilusión de que la vida que lleva puede cambiar”. Logró llegar a un acuerdo con la dueña de casa, quien le permite hacer abonos mínimos mientras que sigue aumentando la deuda, para que Alvarenga pueda saldarla cuando todo esto acabe.

El mayor ingreso del futbolista provenía de la venta ambulante. Tenía un carrito de empanadas en el sector de Iñaquito, en el norte de la capital. Dedicaba dos o tres horas a la cocción (aprendió a cocinar para este empleo) y luego se trasladaba en su moto.

La emergencia sanitaria lo dejó sin puesto en la vereda. También su carrito quedó ‘atrapado’ en el estacionamiento del mercado Iñaquito, puesto que por ahora el joven no tiene dinero para pagar los 35 dólares del estacionamiento (debe, además, los últimos dos meses que no pudo trabajar por la crisis sanitaria).

“Tengo miedo que se me acabe el ahorro que destino a mi supervivencia. Todo ese ahorro lo utilizo solo para comprar comida y es lo único de lo que estoy viviendo”, contó. Es por eso que no tuvo más opción que racionar la cantidad de comida que consume al día.

“A veces desayuno, sobre todo cuando voy a entrenar en la casa. Ahí me como un pan. Y en la tarde almuerzo pasadas las 18:00, para tener el estómago lleno hasta la hora de descansar”.

En Ecuador está solo. Vino al país hace tres años en busca de mejores días y confesó que su llegada a Deportivo Quito ha sido el paso más grande que ha dado en su carrera futbolística

En su natal Venezuela formó parte de plantillas como Caracas Fútbol Club y Petroleros de Anzoátegui. Su hijo, Matías Gael, reside en Chile. Hablan casi a diario y la esperanza de Alvarenga es poder juntar suficiente dinero para poder ir a visitarlo algún día.