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Coronavirus: Los árbitros entrenan, pero sin sueldo

Alrededor de un centenar de colegiados de la Asociación Provincial pasan el confinamiento con rutinas semanales, aunque con incertidumbre económica

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Jordan Montecé, árbitro de Primera, trabaja en su portal.Cortesía

En promedio, un árbitro de fútbol corre por partido entre 14 y 16 kilómetros. Si es un ‘buen mes’ puede llegar a pitar de 3 a 4 cotejos, por lo que estaría haciendo un poco más de dos maratones cada 30 días. Por ese esfuerzo y la condición física que deben mantener es que casi un centenar de réferis agremiados en la Asociación Provincial no se han detenido y siguen trabajando, pese al aislamiento por la pandemia del coronavirus.

La premisa es clara: un árbitro es un atleta más. Por ello, en una profesión en la que el 99% de su actividad es física, no hay concesiones para paralizarse.

En Ecuador, los reflectores de los estadios se apagaron a inicios de marzo. Desde entonces, si bien los jugadores siguen ganando un sueldo entrenando en casa, la suerte para los árbitros es otra: solo ganan si pitan.

EXPRESO conversó con un árbitro de Primera Categoría, otro de Segunda y un colegiado con escarapela FIFA de fútbol playa, quienes revelaron detalles de su preparación y los esfuerzos que hacen en medio de una pandemia que no imaginaron vivir.

Yeanpaul Coello es uno de ellos. Vive en Pascuales, tiene 23 años y se dedica al referato desde hace tres, cuando tomó la decisión de dejar su carrera como futbolista por falta de dinero. Cuenta que tanto él como los miembros de la Asociación de Árbitros del Guayas, liderada por Christopher Quiroz, quien dio positivo de coronavirus hace un mes pero ya está superando la enfermedad, reciben todos los domingos el programa de entrenamiento semanal elaborado por los dos preparadores físicos de la institución. La instrucción es para todos: réferis de Primera Categoría, Serie B, Copa Ecuador, Reservas, Sub-18, Sub-16, Segunda Categoría, Zonales y Zonales de ascenso.

El trabajo consiste en movimientos dinámicos para todos los grupos musculares, utilizando el peso corporal. Hay sentadillas, flexiones de pecho, piques, pasos de tijera y abdominales, a gran velocidad. “Terminamos muertos”, dice entre risas Coello.

“Los ejercicios se hacen, en la medida de lo posible, como los prescriben; sin embargo, debido a que no todos tenemos patios o salas grandes, a veces se nos dificulta. En mi caso, soy de escasos recursos y entreno en mi cuarto que es estrecho (no más de 2 metros cuadrados), el piso es irregular y no tengo ningún implemento”, explica Yeanpaul.

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    Yeanpaul Coello León entrena en su casa, en Pascuales, en un área muy reducida.Cortesía
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    Javier Marcillo mezcla la programación regular con ejercicios funcionalesCortesía

Su colega, Javier Marcillo, también trabaja desde casa. Él es colegiado FIFA de fútbol playa y también pita en Segunda Categoría. Agrega que el entrenamiento va en serio, ya que además de estar listos para cuando se reinicie el torneo, deben estar prestos para cumplir con las cuatro pruebas físicas anuales que son tomadas cada 3 o 4 meses.

Este año ya tuvieron la primera en febrero, mientras que la segunda debía ser entre mayo o junio, pero la pandemia la frenó.

Si Yeanpaul usa el cuarto, Marcillo hace de su sala el centro de entrenamiento. Al programa le suele intercalar una rutina adicional de ejercicios funcionales, ya que es licenciado y profesor de Educación Física.

“Definitivamente lo duro es trabajar en espacio reducido. Antes lo hacíamos en el parque Samanes”, dice el árbitro de 31 años, 7 de ellos dedicados a esto.

A la lista se une Jordan Montecé, árbitro de Primera, quien paradójicamente iba a debutar como juez central en la Serie B el día que cancelaron todo. “Iba a Machala a pitar el Fuerza Amarilla-Gualaceo, cuando en el terminal me llamaron y tuve que volver”, cuenta. Hoy entrena en el portal de su casa con la confianza de que esto acabe. “Hay que tener paciencia, aunque muchos compañeros ya están sufriendo económicamente”, remata.

Alternativas ante dos meses sin sueldos

LigaPro es la encargada de pagar los sueldos de los réferis de Primera Categoría, mientras que la Federación Ecuatoriana de Fútbol se encarga de las otras divisiones. Lo cierto es que al estar paralizados y no haber actividad, nadie recibe nada.

Ante esta realidad los árbitros ya empezaron a sentir el golpe económico, pues van ya para dos meses sin percibir un sueldo. En el caso de Yeanpaul López, se defiende ayudando a su padre a vender carne de cerdo o salchicha, mientras que Javier Marcillo ha tenido como ‘llanta de emergencia’ su profesión de maestro de Educación Física. Sin embargo, no es la realidad de todos. Hay muchos jueces que solo viven del referato. El tiempo pasa y la desesperación se va apoderando de ellos.