La fiera que nos acecha

  Buenavida

La fiera que nos acecha

El constante tintineo y vibración del teléfono celular hace reaccionar al hombre moderno como si de una amenaza se tratara.

No abuse del uso del celular
El celular se  ha convertido en una herramienta a la que se le da más importancia de la que realmente tiene. Aproveche el tiempo con su familia.Pixabay

Vivimos en constante estado de alerta. El teléfono celular se activa cada dos por tres con notificaciones que atendemos sin dudar, aunque estemos bastante seguros de que no se trata de algo importante.

En tiempos remotos, nuestros antepasados prehistóricos se enfrentaban con animales feroces por el instinto natural de supervivencia, ya sea porque necesitaban alimentarse o porque necesitaban huir de algún ataque inesperado.

Empleaban para ello sus rudimentarias herramientas, habilidades para la lucha y algo de ingenio, sumado a una buena dosis de estrés. Pero una vez que el riesgo desaparecía, la tensión por estrés también desaparecía.

Vivían una vida bastante simple, pero con sentido. En la actualidad hemos logrado tener una vida más cómoda, aunque no más relajada. Ya no debemos luchar contra fieras salvajes, pero el estrés no nos abandona.

En nuestra vida laboral encontramos justificado y hasta beneficioso realizar multitasking, sentimos que avanzamos un poco con todo. Pero ¿y qué hay del multitasking en nuestra vida personal y familiar?

Psicologa Andrea Velasco

El constante tintineo y vibración del teléfono celular hace reaccionar al hombre moderno como si de una amenaza se tratara. Cada vez que suena el aparato, reaccionamos alterados: nos agitamos, corremos hacia él y nos invade la desesperación si perdemos la llamada.

Ante cada notificación que ingresa, sentimos que debemos revisar el aparato lo más pronto posible porque “puede ser algo importante”. Y pobre de aquel individuo que un buen día decide hacer caso omiso a su llamado y coincide con que se trataba de algo de gravedad: todas sus aprehensiones han quedado justificadas y su estrés se perpetúa.

Para el hombre prehistórico el estrés terminaba cuando la fiera desaparecía. Ahora, a la fiera la llevamos siempre con nosotros, al acecho constante. Nos creemos muy independientes, hasta que perdemos el teléfono.

Ahora, sumemos a lo anterior el ritmo de vida que estamos llevando: revisamos el correo, garabateamos algo en un papel, contestamos el teléfono, le damos alguna indicación a nuestros hijos, ¡todo al mismo tiempo!

En nuestra vida laboral encontramos justificado y hasta beneficioso realizar multitasking, sentimos que avanzamos un poco con todo. Pero ¿y qué hay del multitasking en nuestra vida personal y familiar?

No sabemos disfrutar de la comida porque tenemos una pantalla frente a nuestros ojos, al poco rato y debido a que no fuimos conscientes del acto de comer, sentimos hambre otra vez. Al cabo de algunos meses nos miramos extrañados ante el espejo sin saber a qué atribuirle nuestro “repentino” aumento de peso.

Pero posiblemente lo peor de todo es que tampoco sabemos disfrutar de las compañías.

Nuestros hijos, amigos y familiares. Todos ellos crecen, evolucionan, se transforman o simplemente se van de nuestras vidas, dejándonos con el arrepentimiento por no haber atesorado cada momento y cada conversación debido a torpes distracciones ocasionadas por las “comodidades” de la vida moderna.