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DIARIO DE UNA MADRE EN CUARENTENA POR CORONAVIRUS | Día 11: WhatsApp y nuestro patio

Coronavirus, cuarentena, pandemia, noticias falsas, exageradas. "Estoy sinceramente hasta el cuello". Lee Diario de una madre en cuarentena.

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Diario de una madre en cuarentena, día 11.FI

¿Cómo vive la cuarentena por el coronavirus una madre de dos niños pequeños? Conócelo en Diario de una madre en cuarentena. Lee aquí todas las entregas. A continuación la más reciente:

Durante estos días he podido conectar con mi jardín. Estoy muy presente en el patio de mi casa y me puse a indagar sobre las plantas que hay en él. Estamos aprendiendo sobre las necesidades en cuanto a riego y preparación de la tierra. Hay plantas que necesitan refuerzos nutritivos  y ya hemos elaborado la lista de productos que nos toca comprar ese día maravilloso que tanto estamos esperando: cuando podamos salir sin miedo a la calle.

Las especies vegetales también son compatibles con unas y no tanto con otras. Algunas aman el sol y otras son esplendorosas en la sombra. Casi como las personas.

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Encontramos un curso virtual gratuito para aprender a hacer un huerto en casa, cuestión en la que andábamos cuando nos tocó quedarnos adentro. Habíamos comprado una bolsa grade de tierra y algunas macetas, pero no las semillas. Entonces, decidimos sembrar lo que vamos comiendo: papaya, limón, sandía y tomate, hasta ahora. Hemos puesto tallos de lechuga en agua y ya veremos si hacemos algo con las papas.

Me está costando pensar en qué comprar para cocinar. Por momentos me siento agotada. Quiero poder ir al supermercado y que no sea necesario trapear el piso una vez con agua y cloro y otra vez con agua y el líquido de siempre. Sueño con ese día en el que podamos toser y que eso no nos lleve directamente a un estado de pánico absoluto, y que un estornudo vuelva a ser sinónimo de alergia al polen.

Hoy no quisiera leer ningún mensaje de otras madres contándome que están cansadas de cocinar, de lavar, de limpiar, de entretener a sus hijos. Pienso en Ely, quien está trabajando desde su casa, con un bebé de 5 meses y un niño de 3 años y medio, que la reclaman constantemente, aunque no tanto como su jefe. Y eso es algo que se está viendo mucho, jefes que parecieran no entender que trabajar desde casa en esta coyuntura es bien difícil. Al menos para una mamá.

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Quienes cuentan con un esposo u otra persona que puedan asistirlas están más relajadas, pero un niño pequeño siempre va a querer a su mamá y no puede entender ese estado de que está encerrada porque necesita trabajar y no porque no quiera estar con él. Mis hijos son dos garrapatas, están más pegados a mí que nunca y todo quieren hacerlo con mamá.

Estoy sinceramente hasta el cuello de recibir constantemente información trágica y muchas veces falsa en los grupos de WhatsApp. Y no puedo entender esos colegios que pretenden que los niños continúen su vida como si nada estuviera sucediendo. La vida de todos ha cambiado por completo y una vez que la cuarentena se acabe, habrá que aferrarse a todo lo que hemos ganado en estos días, soltar lo que perdimos y mirar hacia adelante.

¿Hemos ganado en estos días? Por supuesto que sí. Ganamos cuando extrañamos ese encuentro cotidiano con nuestros seres queridos. El primer abrazo que le demos a nuestros padres, a nuestros amigos, a nuestros compañeros de trabajo, no va a ser como los de antes. Hemos ganado el poder pensar nuestras propias vidas frente a la posibilidad de perderlo todo, esa posibilidad de reiniciar vale oro.

En nuestro afán por no salir por nada de la casa, estamos comiendo muy diferente a como lo hacemos regularmente. Quiero regresar a mis ensaladas y a mis milanesas de berenjena. Quiero volver a desayunar un buen bol de frutas frescas.

Pero hay algo que no me deja en paz. Desde que me fui de mi país tengo como costumbre tener un pasaje para ver a mi mamá, o vamos nosotros o viene ella, y ahora no puedo soportar ni un día más el no saber cuándo podré abrazarla. En una semana cumplirá años y no tendrá a todos sus hijos con ella, como era el plan previo al coronavirus.

Así que hoy me despido invitándolos a pensar en esa persona a quien quisieran abrazar fuerte, llámenla, háganselo saber.