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Diario Expreso Ecuador

Baalbek: el restaurante que acercó los sabores del Líbano a generaciones de quiteños

Desde hummus y falafel hasta postres tradicionales, el restaurante ha construido una propuesta gastronómica basada en recetas familiares

Roberto Hayek Najas, fundador del negocio, y Sandy Hayek, su hija, lideran el restaurante, que cuenta con casi tres décadas de historia.

Roberto Hayek Najas, fundador del negocio, y Sandy Hayek, su hija, lideran el restaurante, que cuenta con casi tres décadas de historia.Leonardo Velasco Palomeque

Mariella Toranzos
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Comida con historia

  • Desde hace casi 28 años, Baalbek acerca la gastronomía libanesa a Quito a través de recetas familiares que transforman la comida en una experiencia para compartir alrededor de la mesa.
  • El restaurante nació cuando Roberto Hayek decidió convertir los sabores heredados de su familia en un proyecto gastronómico que hoy forma parte de la oferta culinaria de la ciudad.

El estofado de berenjena, el hummus, los quippes y el falafel llegan juntos, acompañados por canastas de pan árabe todavía tibio. Roberto Hayek toma uno de los triángulos de pan y les muestra a los comensales cómo abrirlo. “Póngale el estofado”, dice mientras acerca la fuente. Poco a poco, los platos comienzan a recorrer la mesa. Una persona toma una cucharada de hummus, otra prueba el falafel, alguien más alcanza el tabulé. En cuestión de minutos, cada preparación ha pasado por varias manos y los sabores se mezclan entre conversaciones.

La escena responde a una costumbre profundamente arraigada en la cultura de Medio Oriente. La comida no se sirve para una sola persona, sino para todos los que se reúnen alrededor de ella. “La gastronomía libanesa es considerada una de las formas más sociables de comer, ya que todos comparten y prueban los diferentes platos de la mesa”, explica.

Así ha transcurrido la vida cotidiana de Baalbek durante casi 28 años. Ubicado en la avenida 6 de Diciembre y Wilson, el restaurante nació como una manera de compartir las recetas que acompañaron durante generaciones a la familia de su propietario y que, con el tiempo, encontraron un lugar propio en la gastronomía quiteña.

Sin embargo, la historia de Baalbek comenzó mucho antes de que abriera sus puertas. Roberto Hayek Najas, fundador del negocio, recuerda un recorrido marcado por distintos emprendimientos. Tras terminar el colegio trabajó junto a su padre en un almacén de telas. Más tarde fue visitador médico para un laboratorio farmacéutico.

Con el tiempo decidió independizarse. Obtuvo un préstamo y abrió una pequeña panadería en el sector de La Colón. El negocio creció rápidamente y poco después encontró un terreno en la avenida 6 de Diciembre y Wilson, donde instaló una segunda panadería de mayor tamaño.

“Me fue tan bien en el negocio de la panadería que compré este terreno”, recuerda, gesticulando hacia el interior del establecimiento. Sin embargo, el escenario económico de finales de los años noventa modificó sus planes.

La familia comenzó entonces a buscar un nuevo rumbo para el local. La respuesta estaba más cerca de lo que imaginaban: en las recetas que durante años habían acompañado reuniones familiares, celebraciones y encuentros alrededor de la mesa.

Los menús para compartir siguen siendo los más solicitados. Reúnen varias de las preparaciones emblemáticas del restaurante.

Los menús para compartir siguen siendo los más solicitados. Reúnen varias de las preparaciones emblemáticas del restaurante.Leonardo Velasco Palomeque

Sabores llenos de historia

El primer Baalbek ocupó únicamente una pequeña parte del espacio que hoy alberga al restaurante. En aquella cocina, las preparaciones estaban a cargo de Lupe Rodas, esposa de Roberto. “Ella aprendió a cocinar la comida libanesa de mi madre para mí, no para el restaurante. Pero cuando decidimos abrir, ella tomó el mando en la cocina”, recuerda.

Los inicios no fueron sencillos. El empresario cuenta que durante los primeros años el crecimiento fue paulatino y dependió, sobre todo, de las recomendaciones entre familiares, amigos y clientes. “Nos fue bastante duro al comienzo porque la gente no estaba acostumbrada a la comida libanesa. Pero llegaban por curiosidad y se quedaban por la comida. Venían y decían: ‘Me han comentado que aquí se come bien’”, relata.

Preparaciones como el hummus, el fatush, las hojas rellenas, los quippes y el falafel pasaron de la mesa familiar a la carta del restaurante. Con el tiempo se incorporaron otros platos que se convirtieron en referentes de la casa, como el mansafh, elaborado con arroz, trozos de pan árabe, pollo, almendras y salsa de yogur, una receta que incluso le valió un reconocimiento gastronómico al establecimiento. A ello se suman las salchichas árabes, preparadas en el propio restaurante y maceradas en vino tinto antes de servirse.

La comida que hacemos es la comida de nuestros padres y abuelos. La que nos lleva a ese lugar tan cálido en nuestros corazones donde sentimos la conexión con nuestras raíces”, señala la familia.

De la sal al dulce

Los postres también ocupan un lugar importante dentro de la propuesta. Los Baklawa, mamul, burma y tamer forman parte de una oferta que se completa con los helados artesanales que Roberto prepara personalmente. Entre ellos destacan dos sabores poco habituales: el helado de baklawa y el helado de higo, elaborados a partir de recetas desarrolladas en casa.

Aunque algunos clientes optan por platos individuales, los menús para compartir siguen siendo los más solicitados. Reúnen varias de las preparaciones emblemáticas del restaurante y reproducen la forma en que la familia imaginó la experiencia desde el inicio: una mesa donde los platos circulan para todos los comensales. Estos, llamados ”mezze”, cuentan con opciones para entre 2 y 6 personas, y un costo que va desde los $35.90 hasta los $112.

Los Baklawa, mamul, burma y tamer forman parte de una oferta que se completa con los helados artesanales que Roberto prepara personalmente.

Los Baklawa, mamul, burma y tamer forman parte de una oferta que se completa con los helados artesanales que Roberto prepara personalmente.Leonardo Velasco Palomeque

Mientras el restaurante mantiene las recetas que lo han acompañado durante casi tres décadas, la familia también trabaja en nuevos proyectos. Uno de ellos es la comercialización de falafel congelado, una iniciativa con la que buscan llevar uno de los productos más representativos de Baalbek a supermercados y otros puntos de venta.

Entre la tradición y lo contemporáneo

Y aunque durante casi tres décadas Baalbek ha mantenido los sabores y recetas que le dieron origen, también ha debido adaptarse a momentos complejos. Uno de los mayores desafíos llegó con la pandemia. Para entonces, el restaurante no solo funcionaba en su sede principal, sino que además contaba con una sucursal en Cumbayá. La emergencia sanitaria alteró por completo la dinámica del negocio y obligó a la familia a replantear sus operaciones. El local de Cumbayá cerró y la empresa tuvo que reorganizarse para continuar adelante.

“Tuvimos que cambiar nuestra forma de llevar el negocio. Nos tocó expandirnos hacia las redes sociales, donde ahora sucede todo y donde los restaurantes se dan a conocer; implementar promociones y fortalecer el servicio de delivery, que hoy es una de las opciones más utilizadas por nuestros clientes”, comenta Sandy Hayek.

Paralelamente, analizan la posibilidad de abrir una nueva sucursal. Aunque todavía no existe una ubicación definida, buscan un espacio que facilite el acceso a una parte importante de su clientela habitual. Lo que sí tienen claro es el valor de quienes los han acompañado durante todos estos años.

Ahora vemos que los niños que venían de chiquitos ya son grandes y vienen con sus hijos y sus esposas. Para ellos también es que nos reinventamos”, cuenta Sandy.

Mientras proyectan nuevos pasos para el futuro, Baalbek mantiene abiertas sus puertas de domingo a miércoles, de 12h30 a 16h30, y de jueves a sábado de 12h30 a 16h00 y de 18h00 a 21h30. 

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