Lo que aprendimos de ellas

  Buenavida

Lo que aprendimos de ellas

Las entrañables abuelas, de generación en generación, han dejado su legado de frases que hoy SEMANA les invita a rememorar.

Abuelas
Frases irónicas de las abuelas.Shutterstock

Si continúan peleando, “las voy a amarrar barriga con barriga”, “No toque nada que esté en casa ajena” y “Aquí está García Moreno (el látigo), el que quita lo malo y pone lo bueno”. Esas frases, que hoy pocos dicen, fueron en su momento el pan de cada día de una generación que las aplicaba o escuchaba sin chistar.

Constituían toda una sentencia y encerraban, a su manera, una gran sabiduría. Sin duda, las abuelas tenían sus propias reglas de crianza, muy distantes de lo que en estos años dicta la psicología infantil.

Y si hoy en día salir a jugar a la calle es imposible por temas de inseguridad, décadas atrás era una práctica común. Los niños y los jóvenes se reunían en las esquinas para conversar, hacer planes o solo para “estar un rato”. Los mayores no lo veían con muy buenos ojos. “Déjate de andar en la camotería”, protestaban. Y si intuían que la cosa venía por un naciente coqueteo, la reprimenda era un poco más fuerte, sobre todo para las chicas: “Pareces veleta, volantusa, deja de ver a esos mozalbetes. No son ni chicha ni limonada, ni tienen dónde caerse muertos”.

Acto seguido, había que entrar a casa, por las buenas y sin replicar, o refunfuñar ante la advertencia de “¿Acaso te sobran dientes?”, o por si la abuela intentaba persuadir con el ‘García Moreno’ en la mano. Nada de malos gestos ante el consabido aviso de “Para qué estar en casa ajena, por eso yo no visito a nadie, para que nadie me visite a mí”.

Aquellas valiosas mujeres eran recias y aguerridas. Que fueron “criadas con máchica y tostados”, decían. Llevarles la contraria era casi un pecado. “Cuando los adultos hablan, ustedes se callan”.

En la mesa había que practicar fielmente los modales de Carreño y comerse todos los alimentos del plato, so pena de ver cumplir la amenaza de “si dejas algo, te lo pongo de sombrero”.

Ante las visitas había que comportarse como toda una dama o caballero. Una mirada bastaba para saber que se había incurrido en una falta y que cuando los visitantes se marcharan “ardería Troya” o “se armaría la de San Quintín”.

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Es cierto que cambian los modelos de crianza e, incluso, la forma de establecer comunicación. Pero si algo permanece en la memoria son esos dichos coloquiales que muchos ecuatorianos escucharon durante toda su niñez… y adolescencia.

¿Se repiten hoy en día? Seguramente sí, en algunos hogares, a pesar de que no suenan políticamente correctas. Pero más allá de que sean adecuadas o no, SEMANA se animó a reunir algunas de las frases más comunes y llevar a sus lectores a un viaje en el tiempo que huele a galletas recién horneadas. Y usted, ¿cuál de todas estas escuchó en sus años mozos?

Y las infaltables...

  • En mente ociosa, taller del diablo.
  • Cuando tú vas de ida, yo voy de regreso.
  • Eso les pasa por andar en la calle.
  • Estudia, para que seas alguien en la vida.
  • Ya estás ‘pelando’ los dientes.
  • Si tu amiga se tira por la ventana, ¿tú también?
  • Mientras vivas en esta casa se hace lo que yo digo.
  • ¿Qué, te comiste un payaso?
  • Pareces ‘barril’ sin fondo.
  • ¿Quién te crees que soy, el banco?