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Diario Expreso Ecuador

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Volvimos a la edad de piedra

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A lo largo de la historia se han escrito los más despiadados comentarios sobre el boxeo pero, asimismo o como una paradoja, también se han entregado los más conceptuosos elogios. Personalmente, comparto la opinión de Henri De Montheerlant, que expresa: “el boxeo es arte limpio donde la inteligencia inspiradora y ordenadora del atleta aflora en cada movimiento”. Asimismo, los tratadistas deportivos señalan que el boxeo es el más noble de todos los deportes de combate. Y se ha llegado a decir que el pugilismo bien concebido es una especie de esgrima, donde la espada ha sido sustituida por los puños. Esto quiere decir que el boxeo está por encima de la concepción simplista de los que no ven otra cosa que un pugilato degradante en el que la fuerza bruta predomina sobre la inteligencia, olvidando que en toda manifestación deportiva se impone el estado físico y el talento de los protagonistas. El arte de batirse dentro de un cuadrilátero con los puños pelados no cesó en evolucionar hasta lograr el uso de los guantes. Cuando se peleaba con los puños desnudos los combates eran tediosos y la movilidad de los contendientes poco menos que nula, en comparación a la velocidad con que se lucha ahora. Con el paso del tiempo todo cambió en el boxeo. Los guantes rellenos con crin de caballo ahora son afelpados, porque los médicos aseguran que así hay menos peligro de daños cerebrales por golpes con guantes tan duros. El pulgar del guante ahora está cosido al mismo, evitando así los desprendimientos de retina y marrullerías en ciertos boxeadores. Las peleas profesionales de antaño se hacían en más de 100 asaltos hasta llegar a los 12 que se utilizan ahora. Pese a los avances de la ciencia en el deporte, autoridades mundiales mantienen un silencio cómplice al no prohibir esa brutalidad llamada UFC, donde los contrincantes se causan daños irreversibles ya que, al parecer, entre ellos solo existe una regla: “El que cae muere”, como decían en la edad de piedra

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