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Virginia Zubillaga: “La familia es fundamental en mi vida”

Con una educación envidiable y una experiencia profesional de 20 años, la esposa del embajador de España asume sus diferentes roles en la vida, de la única forma que sabe hacerlo: con el virtuosismo de la excelencia.

“Cuando más aprecias a tu madre, es cuando te toca a ti ser madre y te das cuenta la maravilla que fue y lo bien que lo hizo”.

Nacida en Bilbao, norte de España, Virginia proviene de una familia unida, de la que se siente profundamente orgullosa. Siendo la más pequeña de cuatro hijos, fue una niña feliz con el apoyo de sus hermanos. Sus padres se esmeraron en ofrecerles mucho apoyo y cariño, por lo que su infancia le trae solo buenos recuerdos: “Ellos siempre han sido mis héroes, y mis hermanos mayores, mis líderes. Mi hermana más contemporánea es mi mejor amiga. Somos una familia muy alegre, deportistas y competitivos”.

De padre bilbaíno y madre madrileña, su educación inicial fue en el colegio Americano, poco común en la época, para asegurar el idioma inglés y un ambiente con más amplitud de mente, lo que le abriría puertas más adelante, cuando el destino la llevó por el mundo y enfrentó variadas culturas e idiosincrasias.

La vida se le vino grata y generosa, digamos, sin posibilidad a reclamo alguno. Pero Virginia ha sido exigente consigo misma. En ella es algo innato. Estudiante ‘Cum laude’, siempre se destacó en las matemáticas: “Sacar buenas notas te lo marcas tú, y yo me sentía muy orgullosa al enseñar mis calificaciones a mis padres”.

El amor, diplomacia y trabajo

A Carlos Abella y de Arístegui lo conoció en una fiesta, antes de iniciar su MBA en Francia. Ya trabajaba en la Repsol, donde hasta hoy ha asumido importantes cargos que la han convertido en una mujer independiente con un espacio propio. El entonces novio y ahora marido de su hermana los presentó. Él, distinguido miembro de la diplomacia española, carismático y de buena presencia, llamó la atención de la guapa bilbaína. Ella, alta, delgada y de facciones marcadas, hizo lo propio con el joven, quien había estado antes en el Congo y en Croacia en misiones diplomáticas. Empezó así una bonita relación que culminó en el altar hace 15 años. De inmediato, su periplo por el mundo diplomático arrancó en Rusia, junto a su esposo, donde abrió las oficinas de Repsol en Moscú.

Luego al embajador lo enviaron a Japón, tiempo en el que nació Sofía, en España. Seis meses después, alcanzaría a su esposo en Tokio, donde vivieron la cultura asiática con gran emoción y completos como familia.

Después de una ‘excedencia’ de tres años que pidió a Repsol para estar con su hija en Japón, regresó a la petrolera. Seis años más tarde, designado Carlos Abella y de Arístegui como embajador en Ecuador, siguió su labor en la compañía, esta vez como responsable de un proyecto global para impulsar nuevas ideas y proyectos de todos los empleados para una mayor mejora en la sostenibilidad y producción de la empresa, además de mejorar la cultura y el ambiente laboral de la misma.

Una madre a todo dar

“Me gusta ocuparme de mi hija, y, al ser única, somos más unidas”. Sofía ya tiene 10 años y es su ilusión más grande. Juegan juntas —con sus perritos adoptados—, leen, pasean y ahora toman clases de tenis al mismo tiempo, deporte que a Virginia le gusta mucho. “Es una niña monísima, ha sido una verdadera bendición tenerla”, dice, y espera darle una base fuerte, espiritual y emocional para que enfrente la vida, siempre con todo el apoyo y el cariño que necesita.

En Ecuador

“Me encanta la naturaleza y los paisajes ecuatorianos. Su gente es muy abierta, correcta, amable y parecida a los españoles”, afirma.

Han recorrido buena parte del territorio, pero aún les falta mucho por conocer. Al mismo tiempo, el embajador y su esposa son una pareja comprometida con la ayuda social. Apoyan al albergue San Juan de Dios, que recibe también la cooperación económica de España.

De forma paralela, y dentro de la Fundación de Repsol ‘Más que palabras’, Virginia presentó un proyecto social para apoyar a una guardería en Yaguachi, en la Diócesis de San Jacinto. Ella también apoyó puntualmente a una asociación de ayuda a madres jóvenes, AFAC.

Personal

-Estudió Empresariales en Cunef (Colegio Universitario de Estudios Financieros). También hizo una maestría en seguros, pues trabajaba en un fondo de inversiones para una compañía de esa rama.

- Obtuvo un MBA en Fontainebleau, Francia, en el prestigioso instituto Insead.