El viaje sobre rieles

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El viaje sobre rieles

Me confesaré un acérrimo partidario de los viajes en ferrocarril que, desgraciadamente, no he podido llevar a cabo desde hace ya más de 5 décadas, es decir desde que nuestro sistema de transporte sobre rieles dejó de ser utilizado, más que nada en su principal ruta, la que unía Quito con Guayaquil, atravesando poblaciones que solo puede visitar la añoranza.

Se afirma que desde que se llevaron a cabo los tan importantes planes viales que conectaron a las provincias del país con carreteras que antes fueron caminos de trocha, por maniobras permanentes de los empresarios del transporte terrestre se condenó a la gran obra del liberalismo alfarista a su desaparición. En el gobierno pasado se produjo una suerte de rehabilitación de la ruta ferroviaria entre la capital y el Puerto, pero convirtiéndola en un servicio de lujo, dedicado exclusivamente para el turismo, sobre todo para una clientela que pueda pagarse el costoso pasaje, y no para unir nuevamente la sierra con la costa en un diario movimiento de locomotoras y vagones, lo que al momento de su inauguración, a comienzos del siglo pasado, significó un revolucionario avance en materia de transportación, ya que hasta esa fecha eran muy peligrosos los viajes que, a mula o a pie, duraban por lo menos una semana entre las dos principales ciudades.

En estas épocas en que la tecnología lo ha revolucionado todo y que en varios países de Europa, Asia y Norteamérica funcionan los llamados supertrenes, con velocidades que igualan a las de los viajes aéreos, el cubrir la distancia entre Guayaquil y Quito (cerca de 400 kilómetros) significaría solamente una hora de viaje. Y qué decir del destino hacia otras ciudades importantes como Ambato, Riobamba, Milagro o Latacunga. Es decir, casi el mismo tiempo en que se lo hace en un aparato con alas que surca el espacio aéreo, lo que abarataría notablemente los costos de transporte para quienes necesitan llegar a su destino en un tiempo mínimo y hasta regresar a su lugar de origen el mismo día. ¿Existirá la posibilidad de que, rompiendo cualquier boicot, se modernicen y se popularicen los viajes por ferrocarril en el Ecuador a corto plazo?